Categoría
Salud
Título
Enseñar a moverse: la alfabetización motriz empieza en la escuela
Autores
Sergi Boada
President del Col·legi de Metges de Tarragona

Artículo

Un sábado por la mañana en cualquier campo de fútbol base ofrece una escena que hemos normalizado. Niños corriendo detrás de un balón, un árbitro joven intentando mantener el orden… y adultos gritando instrucciones, protestando decisiones arbitrales o celebrando goles como si se tratara de una final profesional.

Cuando hablamos de deporte en edad escolar conviene recordar algo esencial: el objetivo principal no debería ser competir, sino aprender a moverse.

En muchas escuelas y clubes deportivos la actividad física se organiza muy pronto alrededor de la competición. Equipos titulares y suplentes, resultados, clasificaciones. Y en ese proceso aparece una realidad que a menudo pasa desapercibida: los niños que maduran más tarde o que tienen menos habilidad inicial quedan fácilmente relegados. Algunos abandonan el deporte. Otros son redirigidos hacia actividades menos físicas. Y el mensaje que reciben, sin que nadie lo pretenda, es claro: el deporte es para quienes compiten bien.

La infancia es el momento en que se construyen los hábitos que condicionarán toda la vida adulta. Si un niño asocia la actividad física con frustración, comparación o exclusión, es muy probable que abandone el movimiento precisamente en la etapa en que más lo necesita.

Por eso cada vez más expertos hablan de alfabetización motriz: aprender a saltar, correr, coordinarse, jugar y descubrir el propio cuerpo en movimiento antes de que aparezca la presión de la competición. Ese aprendizaje es mucho más que deporte. Es salud futura. La alfabetización motriz debería entenderse también como una verdadera política de salud pública. Igual que enseñamos a leer o a escribir, deberíamos enseñar a moverse: a correr, saltar, coordinarse, jugar y disfrutar del propio cuerpo.

La competición puede llegar después, para quien la quiera. Pero antes hay que asegurar algo mucho más importante: que todos los niños descubran que moverse forma parte natural de la vida. En una generación rodeada de pantallas, enseñar a moverse puede ser una de las decisiones más inteligentes que podemos tomar como sociedad.

Quizá la mejor inversión en salud pública no sea formar más campeones. Es asegurarnos de que ningún niño crezca sin aprender a disfrutar del movimiento.