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Redactor de la secció Tarragona
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El Rancho Grande ya tiene vía libre para empezar a ver la luz. Tras más de una década de lucha, finalmente los propietarios de los 32 pisos y los dos locales han logrado cerrar la financiación para afrontar la rehabilitación integral del inmueble, situado en la calle Sant Andreu 2-4 del barrio del Serrallo.
El inmueble, que ha vivido una larga travesía por el desierto con impagos, ocupas, peleas, palomas y desalojos, está vacío desde noviembre del 2023. En ese momento, el Ayuntamiento obligó a los vecinos a irse de sus casas por los importantes daños estructurales que presentaba el edificio, tras siete años sufriendo ocupaciones ilegales.
Obras en abril
Durante los dos últimos dos años y medio la prioridad de los propietarios ha sido lograr la financiación necesaria para poder hacer frente al coste de remodelación del inmueble, de cuatro plantas de altura.
Inicialmente, los titulares del edificio contrataron la elaboración de un primer proyecto de reforma, que posteriormente se modificó para poder acogerse a las ayudas europeas Next Generation, centradas en la mejora de la eficiencia energética. A finales del 2025 se confirmó la ayuda continental, de 817.000 euros. Sin embargo, todavía faltaba la otra mitad para garantizar la reforma estructural.
Según confirma al Diari la presidenta de la comunidad, Íngrid Martínez, los propietarios están a un paso de cerrar la financiación: la próxima semana van al notario, tras registrar ayuda del Institut Català de Finances (ICF).
Una vez garantizado el presupuesto, de 1,4 millones de euros, el primer paso debe ser tener certificada la mejora energética el 30 de junio. En este sentido, a partir del próximo mes de abril se actuará en la cubierta, la fachada, el ascensor y las placas solares.
La segunda fase se centrará en la eliminación de los balcones que dan al callejón y se colocarán las nuevas instalaciones de agua y de luz. También se adaptará el cableado a la normativa y se reformará la estructura interior, con la adecuación de pasillos, escaleras y barandillas. Todo ello, con un objetivo en el horizonte: volver a casa por Navidad.