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El Gobierno del Reino Unido ha confirmado que Estados Unidos está utilizando bases militares británicas para llevar a cabo operaciones destinadas a “neutralizar” ataques iraníes contra buques en el estratégico estrecho de Ormuz.
En un comunicado, un portavoz de Downing Street —residencia oficial del primer ministro Keir Starmer— detalló que el acuerdo bilateral contempla “operaciones defensivas estadounidenses” dirigidas a degradar las capacidades de misiles empleadas en ataques contra el tráfico marítimo.
Según informaciones publicadas por The Times, las instalaciones implicadas serían la base aérea de la RAF en Fairford, en Inglaterra, y la de Diego García, en el archipiélago de Chagos, un enclave estratégico clave para operaciones en Oriente Medio.
El Ejecutivo británico justificó la decisión en la necesidad de garantizar la seguridad marítima internacional en Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial. En este contexto, Londres trabaja con aliados para desarrollar un “plan viable” que permita proteger el flujo de mercancías en una zona que, de facto, permanece bloqueada por Irán desde el inicio de la escalada.
El Gobierno también condenó los ataques “imprudentes” contra buques mercantes, incluidos algunos con bandera de países aliados, y advirtió del riesgo de que la crisis derive en una mayor desestabilización regional y en un impacto económico global.
Pese a facilitar el uso de sus bases, el Reino Unido insiste en que no participará activamente en el conflicto. No obstante, ha incrementado su despliegue militar en la región. El Ministerio de Defensa británico aseguró que el país cuenta actualmente con más aeronaves en el Golfo que en ningún otro momento de los últimos 15 años, con pilotos que ya acumulan más de 700 horas de vuelo.
Además, Londres ha enviado un pequeño contingente de planificadores militares al Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), con sede en Florida, para colaborar en estrategias que refuercen la seguridad en el estrecho.
La decisión evidencia el delicado equilibrio que intenta mantener el Gobierno de Starmer: apoyar a sus aliados y proteger sus intereses estratégicos sin verse arrastrado a una implicación directa en el conflicto en Oriente Medio.