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En una entrevista con EFE, Pope explicó que la medida contribuirá a sacar a cientos de miles de personas de la economía sumergida y a garantizarles el salario mínimo, evitando así que la precariedad laboral de quienes no tienen papeles afecte al conjunto del mercado laboral. A su juicio, España reconoce con esta iniciativa que su economía “depende de los trabajadores extranjeros”, muchos de los cuales son más vulnerables a la explotación, reciben peores salarios y trabajan en condiciones desfavorables.
“Es un enfoque que funciona en un país cuyas necesidades de mano de obra son reales y acuciantes, sobre todo debido al envejecimiento de la población”, señaló la representante de la OIM, primera mujer en ocupar este cargo en los más de 70 años de historia de la organización.
España, referente en políticas migratorias
Durante su visita a España, Pope se reunió con los ministros de Interior, Fernando Grande-Marlaska; de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz; y de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares. La directora general destacó que el Gobierno español es “un líder” en materia migratoria gracias a su aproximación “humana” e “integral” de la movilidad, en contraste con políticas más restrictivas centradas únicamente en la frontera.
Pope abogó por políticas que concilien las necesidades del país receptor, como la demanda de mano de obra, con los derechos y seguridad de los migrantes, de modo que todos salgan beneficiados y las personas puedan desplazarse sin depender de traficantes.
Sobre los discursos de odio hacia la población extranjera, que se han radicalizado en los últimos años, Pope señaló que “es más fácil señalar a las personas extranjeras ante ciertos retos” y recordó que el hecho de que estas personas no puedan votar “no ayuda”.
Respecto a los menores migrantes no acompañados, la directora general consideró “esencial” que exista un nivel de responsabilidad compartida entre regiones para minimizar tensiones en las zonas que reciben flujos migratorios repentinos. Asimismo, sobre los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), criticados por las ONG, la OIM insta a que la detención sea “el último recurso, no el primero”, destacando que existen modelos alternativos que fomentan la colaboración de los migrantes.
Pope también abordó la crisis en Oriente Próximo, cuyos efectos sobre los flujos migratorios globales y hacia España aún son inciertos. La mayoría de personas desplazadas permanecen dentro de su país, y la expansión de los desplazamientos dependerá de la rapidez con la que se alcance una solución pacífica. La directora de la OIM señaló que los movimientos migratorios se producen no solo por motivos de seguridad, sino también económicos, como el aumento del precio de los combustibles.
“La gente toma decisiones como tú o como yo: si no estás a salvo en tu casa, te vas a ir. Esa es la lección de Ucrania, de Siria… y es una lección que hemos aprendido una y otra vez desde que existe la civilización humana”, concluyó Pope.