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La tarde en el sur dejó un golpe seco para el Gimnàstic de Tarragona. La derrota en Algeciras (1-0), combinada con la victoria del Real Murcia ante el SD Tarazona (1-0), ha devuelto a los granas a la zona más incómoda del campeonato: el descenso.
El Nàstic vuelve a mirar hacia abajo cuando el margen de error ya es mínimo. A falta de nueve jornadas, el equipo dirigido por Pablo Alfaro ocupa ese puesto maldito que conduce a la Segunda RFEF.
La victoria del Murcia
Mientras en Algeciras el Nàstic volvió a ser frágil, en Murcia se vivió una resistencia casi épica. Los pimentoneros jugaron media hora con diez hombres, pero supieron sostener el resultado y arañar tres puntos de oro. Un triunfo que no solo impulsa al Murcia hasta los 36 puntos, sino que empuja a sus rivales directos hacia el abismo.
La clasificación, ahora, es un nudo apretado: Nàstic y Tarazona empatan a 34 puntos, mientras el Murcia toma aire con dos puntos más.
El calendario no concede tregua. La próxima estación será un duelo cargado de urgencias: Nàstic–Torremolinos. Sobre el papel, un rival directo por la permanencia, pero la realidad ha cambiado. El conjunto andaluz llega lanzado, con una racha notable que le ha elevado hasta los 39 puntos, alejándose del peligro y convirtiéndose en un obstáculo aún más incómodo.