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Uno ya no se atreve a afirmar que el Nàstic de Tarragona ha resucitado definitivamente. A lo largo de la temporada ha dejado varios amagos que terminaron en decepción. El conjunto grana no ha encontrado regularidad ni en el juego ni en los resultados y si está metido en la pelea por el descenso es precisamente por ello.
De hecho, solo en una ocasión logró encadenar dos victorias consecutivas. Fue con Luis César en el banquillo, tras superar a Eldense e Ibiza en dos partidos seguidos que despertaron una ilusión efímera. Aquella esperanza pronto se convirtió en frustración y acabó con su destitución.
En busca de la continuidad
Su relevo, Cristóbal Parralo, tampoco logró dar continuidad al equipo. Nunca consiguió enlazar dos triunfos. Queda para el recuerdo aquella victoria ante el Cartagena (2-0), en la que el Nàstic rozó su mejor versión y pareció iniciar un camino que, de nuevo, se desvaneció.
Hace apenas dos semanas, la dura derrota por 4-1 frente al Eldense supuso el punto final a la etapa del técnico cordobés tras 17 partidos. Entonces llegó Pablo Alfaro, el tercer entrenador de la temporada.
Su debut en la pasada fecha dejó señales esperanzadoras. El Nàstic recibía al Sabadell, líder y principal favorito al ascenso, un equipo rocoso, intenso, capaz de convertir cada partido en una batalla.
Nada intimidó a los grana. Ni el rival ni el escaso margen de trabajo con su nuevo técnico. El equipo compitió, dominó y sumó un punto que, más allá del resultado, sirvió para reconciliarse con su gente y recuperar la fe. Se vuelve a creer... aunque con recelo.
Sin embargo, de poco habrá servido ese empate si hoy se da un paso atrás en el Nuevo Mirador.
El reto no es menor. Solo dos equipos han sido capaces de ganar allí: Europa y el propio Sabadell. Lejos de ser una amenaza, debe interpretarse como una oportunidad para lanzar otro mensaje de esperanza a una afición que lo ansía.
El Nàstic busca convertirse en el tercer equipo catalán en asaltar un feudo inexpugnable desde el pasado mes de octubre. Enfrente estará un Algeciras que se hace fuerte en casa, aunque baja prestaciones lejos de ella. En la primera jornada, los tarraconenses ya fueron capaces de superarlo (2-1), en un partido muy disputado en el Wilfrid Kaptoum, que ya no pertenece al Nàstic, se vistió de héroe para marcar el 2-1 en el minuto 82. No obstante, aquello ya es pasado.
Ahora el contexto es otro. El Nàstic viaja con la urgencia a la espalda. Solo vale ganar. El equipo se ha metido en una situación delicada y necesita sumar de tres en tres para escapar del peligro. El descenso aprieta y, tras esta jornada, solo restarán nueve partidos.
El tiempo corre. La presión aumenta. Y el Nàstic, herido pero aún con pulso, se agarra a una idea: sobrevivir pasa por creer… y por empezar a ganar desde ya.