Categoría
Tarragona
Antetítulo
Entrevista
Título
Ariadna Romans, politóloga y filósofa: «La gestión del agua es una cuestión de género»
Subtítulo
Ariadna Romans i Torrent analiza en su estudio 'Dones i sequera a la Catalunya rural' cómo la crisis hídrica afecta de forma específica a las mujeres del mundo rural
Autores
Ana Rivera
Redacción

Imagen Principal
La politóloga, filósofa y doctoranda Arianda Romans, investiga actualmente en Holanda
La politóloga, filósofa y doctoranda Arianda Romans, investiga actualmente en Holanda
Artículo

El lema del Día Mundial del Agua de este año —«Donde fluye el agua, fluye la igualdad»— pone el foco en la relación entre la gestión del agua y la igualdad de género. La politóloga e investigadora Ariadna Romans (Girona, 1997) aborda esta cuestión en su estudio Dones i sequera a la Catalunya rural, donde analiza cómo la crisis hídrica afecta a las mujeres del mundo rural catalán y qué papel juegan en la gobernanza del agua. Su investigación, basada en una treintena de entrevistas y en el análisis de políticas públicas, concluye que la sequía no es sólo un problema ambiental, sino social y de género.

El lema del Día Mundial del Agua de este año vincula agua e igualdad. ¿Por qué la gestión del agua también es una cuestión de género?

El agua es una cuestión profundamente política, aunque no lo percibamos así. Decisiones como de dónde viene el agua, cómo se distribuye o qué sectores se priorizan implican debates políticos muy claros. Cuando introducimos la perspectiva de género vemos que también existen desigualdades en quién toma esas decisiones o quién gestiona los recursos.

Su estudio analiza el impacto de la sequía en mujeres rurales de Catalunya. ¿Qué le llevó a investigar esta relación?

Me interesaba la intersección entre cambio climático y género. Después de estudiar el impacto de la sequía en mujeres de barrios marginales de Ciudad del Cabo, me pregunté si algo similar podía observarse aquí. En Catalunya las realidades son distintas, pero vi que había un colectivo poco escuchado: las mujeres del mundo rural.

En su investigación afirma que la sequía no es sólo un problema ambiental, sino también social. ¿Por qué?

Porque la gestión del agua también tiene que ver con la gobernanza y con las decisiones sobre qué usos se priorizan. Muchas mujeres agricultoras o ganaderas explicaban que su principal dificultad es la falta de voz en los espacios donde se toman decisiones, como cooperativas o sindicatos, que siguen siendo muy masculinizados.

De sus entrevistas a mujeres de las Terres de l’Ebre y el Camp de Tarragona, ¿qué problemáticas se derivan en el territorio?

Lo viven con una doble dimensión y de forma muy directa: gestionan el agua en el día a día y participan en sectores como la agricultura o los cuidados. El género influye porque la división de roles hace que asuman más esta gestión cotidiana; eso les da capacidad de anticipación, pero también implica una sobrecarga que sigue siendo poco visible.

¿Cómo afecta la escasez de agua a su vida cotidiana?

Hay un impacto directo muy fuerte en términos de estrés y preocupación. Muchas mujeres con explotaciones ganaderas o agrícolas viven con una gran angustia ante la posibilidad de perder cosechas o animales. Además, la sequía incrementa la carga mental asociada a la gestión del día a día.

¿Qué papel puede tener el conocimiento del mundo rural en este debate?

Es un conocimiento muy valioso que a menudo queda invisibilizado; muchas mujeres desarrollan soluciones prácticas para gestionar el agua o adaptarse a la escasez. Ese conocimiento cotidiano puede aportar ideas muy útiles para diseñar políticas más eficaces.

Afirma que seguimos viendo la sequía como algo excepcional cuando en realidad ya es estructural. ¿Qué implica ese cambio de mirada?

Implica asumir que debemos adaptar nuestras políticas públicas a este nuevo escenario. No se trata de hacer ‘agua feminista’, sino de diseñar políticas que tengan en cuenta las necesidades reales de las personas que viven y trabajan en el territorio.

También señala que estas mujeres siguen teniendo poca presencia en la gobernanza del agua.

Exacto. Muchas veces se crean espacios simbólicos para escuchar a las mujeres, pero lo importante no es sólo darles voz, sino que, como decíamos, esa voz tenga un impacto real en las decisiones políticas.

¿Puede el conocimiento del mundo rural ayudar a diseñar mejores políticas climáticas?

¡Sin duda! Existe un conocimiento cotidiano sobre el territorio y el uso del agua que a menudo se infravalora. Integrar ese saber puede ayudar a encontrar soluciones más eficaces adaptadas a cada contexto.

¿Cómo debería afrontarse el debate sobre el uso del agua?

Es un debate complejo, porque implica decidir qué sectores se priorizan; es importante alcanzar acuerdos de mínimos y planificar a largo plazo cómo vamos a gestionar un recurso que es esencial para todos.

¿Cómo podríamos avanzar hacia una transición climática más justa?

Sobre todo, hay que entender que el agua es un bien común. Empezar a cambiar nuestra relación con el agua es clave para afrontar la crisis climática de forma más equitativa.

Cita

En el mundo rural, la sequía también amplifica desigualdades invisibles