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Deportes
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La crónica
Título
El Nàstic vuelve a las andadas y pierde ante el Algeciras (1-0)
Subtítulo
El 'Efecto Alfaro' fue un espejismo ante el Sabadell y los granas volvieron a ofrecer una actuación frágil, decepcionante y que augura un futuro delicado. Esta noche pueden regresar a los puestos de descenso
Autores
Juanfran Moreno
Redacción

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El Nàstic salió escaldado del Nuevo Mirador de Algeciras.
El Nàstic salió escaldado del Nuevo Mirador de Algeciras.
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El Nàstic regresó a las andadas y cayó derrotado frente al Algeciras en su visita al Nuevo Mirador. Fue otra salida en la que los granas salieron dormidos, fueron penalizados y luego no supieron cómo darle la vuelta al asunto porque su fútbol y su mentalidad no están para esos escenarios. El ‘efecto Alfaro’ ha durado una semana y los granas pueden regresar esta noche a los puestos de descenso. ¿Y ahora qué?

Quién nos iba a decir que hasta íbamos a echar de menos al Nàstic de Luis César. A aquel equipo se le criticaba por ser ramplón y no ir a buscar al rival en muchos momentos. Es cierto, pero también lo es que, desde que el gallego se fue, este equipo ha demostrado que es un juguete roto. Cada salida se ha convertido en un martirio, a excepción de un par, en las que el Nàstic sale escaldado y no ofrece jamás signos de rebelión. No tiene argumentos futbolísticos ni actitud para ello. Da igual si está Cristóbal Parralo o Pablo Alfaro en el banquillo. El empate ante el Sabadell de la semana pasada fue flor de un día. Muchos se lo temían y estaban en lo cierto. Este equipo, jugando como hace habitualmente, es carne de descenso. Asúmanlo.

Pablo Alfaro no titubeó a la hora de darle continuidad al once de su estreno. Era lo esperado y lo justo, porque sus once elegidos pusieron contra las cuerdas al Sabadell y merecían continuidad para intentar hacer lo propio ante el Algeciras. El camino debía ser el mismo, pero con más colmillo. Sobre el papel resultaba sencillo. En realidad, no iba a ser así.

Otra salida para el olvido

De los errores se aprende, se dice. No apliquen esta frase motivadora para el Nàstic de Tarragona y sus chicos. No aprenden. La cuestión, mejor dicho, es por qué no lo hacen. ¿No quieren o no pueden? Con Pablo Alfaro parecía que el equipo grana jamás iba a negociar la intensidad y la agresividad. El estreno ante el Sabadell ofreció una imagen para la ilusión que tardó solo cinco minutos en desvanecerse. Son los que resistió el Nàstic en el Nuevo Mirador ante el Algeciras. Lamentable.

Manín había avisado con dos remates en el interior del área que no habían encontrado portería, pero le había dejado claro al Nàstic que la siesta no tocaba. No aprendieron los tarraconenses, que en la siguiente acción se reencontraron con su rutina. Avilés domó la pelota en su banda izquierda y encontró una autopista en ella. Nadie le intimidó y se plantó en la esquina del área con solo Mángel Prendes como oposición. El extremo, que pasó por la Pobla hace ya unos años, no tuvo problemas para romperle la cintura al de Candás y se plantó ante Dani Rebollo, al que, con un sutil toque, superó para poner el 1-0. Otra vez a contracorriente y fuera de casa. Ahora con Alfaro en el banquillo. Da lo mismo. Hay cosas que no cambian y, lo peor, es que esta temporada, al menos, no cambiarán.

Sin reacción en la primera mitad

El gol fue un mazazo para un Nàstic que rápidamente ofreció signos de recaída. Si al aficionado le dicen que ese equipo no ha cambiado de entrenador hace dos semanas, se lo hubiese creído. La primera hora fue digna de la era Cristóbal Parralo. Un equipo cabizbajo, sin capacidad de rebelión ni desde lo mental ni desde lo futbolístico. El conjunto grana fue un juguete roto al que el rival tenía controlado en todo momento. De hecho, el 2-0 se veía mucho más cerca que el 1-1.

Lo mejor que le pudo pasar al Nàstic es que llegase el descanso. Al menos ahí iba a dejar de hacer el ridículo durante un cuarto de hora y su entrenador iba a poder sacar el bisturí, nunca mejor dicho, para intentar reanimar a un equipo que volvía a ser un muerto en vida.

Pablo Alfaro decidió cambiar un rostro y metió a Álex Jiménez por Pau Martínez en el costado izquierdo. El cambio mejoró al Nàstic, que encontró en el atacante murciano un argumento en fase ofensiva, porque al menos ofreció movimientos inteligentes sin pelota en campo contrario.

Una mejora insuficiente

En todo caso, el Nàstic no dio ese golpe de timón que hay que dar para poder remontar un partido en una categoría tan exigente como la Primera RFEF. ¿Se intentó? Sí. ¿Mejoró el Nàstic tras el descanso? También. ¿Fue suficiente como para soñar con al menos un punto? No. Esta es la triste realidad de un Nàstic que ha convertido la anticompetitividad en una maldita rutina, sobre todo lejos del Nou Estadi.

En la recta final sí que pudieron haber goles, pero fueron por parte del bando local. Rastrojo y José Carlos tuvieron el 2-0, pero perdonaron y le ofrecieron al Nàstic una falsa esperanza para un empate que jamás llegó porque nunca estuvo cerca. Esto es lo que hay. Da igual quién esté en el banquillo.