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Estos días estamos viviendo una nueva guerra en Oriente Próximo, diferente de las vistas hasta la fecha, donde se están rompiendo tratados internacionales de estabilidad y respeto. A la fecha de redacción de este artículo, observamos como principales consecuencias: bajada de la principales Bolsas mundiales, subidas del precio del Brent, cierre del espacio aéreo en varios países de Oriente Medio y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, aparte de vidas perdidas y destrucción.
Frente a esta situación, nos deberíamos poner en alerta y aprovechar las oportunidades comerciales y económicas que nos puedan ofrecer otros mercados, diferentes de los Estados Unidos o los Países de Oriente Próximo; el Tratado Mercosur firmado el pasado 16 de enero de 2026 entre la UE y los socios del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
El Sector Primario se ha opuesto frontalmente desde que se conoció que su firma era inminente. Frente a tales protestas, la Comisión Europea decidió posponer su entrada en vigor; no obstante, la situación actual de los ataques en Oriente Próximo, la UE ha dado un cambio de rumbo y se abre a una aplicación inmediata.
Las principales protestas del Sector Primario en contra de Mercosur fueron por miedo a que la entrada de productos de estos países se produjera a precios inferiores a los de otros mercados y por la falta de exigencias sanitarias o medioambientales que sí se exigen en los productos agroalimentarios producidos dentro del territorio de la UE.
Esta tesitura es totalmente comprensible, no obstante, también tenemos que entender que los productos producidos en la UE son productos principalmente de calidad gourmet y desgraciadamente no están al alcance de todas las familias; con ello es bueno disponer de productos igualmente saludables, pero a un precio inferior. Y aprovechar nuestros productos con calidad superior, para el mercado exportador
El acuerdo Mercosur no ha tenido un camino fácil, han sido necesarios más de 25 años para definirlo y firmarlo; y podemos afirmar que es uno de los tratados internacionales más ambiciosos que tenemos en la Unión Europea, puesto que abarca un total de más de 700 millones de habitantes entre los dos conjuntos de países, que a la vez son consumidores potenciales.
Mercosur es un tratado de libre comercio, donde la característica principal es la libre circulación de mercancías y servicios entre los dos países, cuyas importaciones y exportaciones se beneficiarán de una cuota arancelaria nula o mínima; en comparación con la que tenían antes de la entrada en vigor del tratado.
No obstante, esta no es la única ventaja. Todos los productos que viajan entre países con tratados reciben una condición de movimientos seguros y con ello, gozan de trámites y controles aduaneros más ligeros, tanto en la salida de un país como en la entrada de otro.
En nuestra demarcación tenemos un gran potencial de empresas que exportan productos agroalimentarios, más de 400 lo hacen de forma regular. Los principales productos exportados son: fine food, aceites vegetales, frutas y verduras, vino, harinas y molinería y marisco. Suponen más del 9% del total de las exportaciones catalanas y esto traducido en cifras, nos da una facturación alrededor de 1.400 M€ (datos de 2024), habiendo experimentado un crecimiento de casi 7,50% respecto al año anterior. En empleo, estas exportaciones producen un empleo directo del 12% del total del sector.
Con todos estos datos, vemos una gran ventaja competitiva en el acuerdo Mercosur, que las empresas deben de aprovechar y explorar. Pero no sólo las empresas exportadoras, sino toda la cadena de valor del sector agroalimentario, desde el sector primario, pasando por la industria transformadora y servicios auxiliares, siguiendo por el transporte y acabando en el retail. Si sumamos todos los eslabones de la cadena alimentaria, nos da un impacto en nuestro PIB de alrededor del 19%.