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La Historia (la que lleva mayúsculas) tiene una insistencia pavorosa en repetirse. En medio de la complejidad que implica comprender lo que está pasando ahora mismo en el Estrecho de Ormuz, con los misiles iraníes impidiendo el paso a casi todos los pabellones. Con China controlando sigilosamente el Gran Juego, para actuar cuándo le interese. Con la precipitación americana. Con la estrategia israelí preparada desde hace más de veinte años. Con Arabia Saudita que no se atreve a entrar en guerra sabedora de su rol supremo de Guardiana de los Lugares Santos (Meca y Medina). Con la Unión Europea sin rumbo y dejando sus portaaviones expuestos porque a alguien le dio por hacer jogging a la altura de Chipre... Con todo esto, la pequeña historia se inscribe en la Gran Historia. Los griegos. Los magníficos griegos. Solo los petroleros chinos, indios y pakistaníes parecen estar ajenos al jaleo. Bueno, los griegos tampoco se dejan amenazar por los iraníes, no en vano ellos ya los vencieron en su momento. Los atenienses ya derrotaron a los persas en la batalla de Salamina aniquilando la flota de Jerjes I, hijo del gran Darío. Puede parecer banal, pero no lo es. Mientras todos los demás se quedan en puerto, los griegos surcan las aguas más peligrosas del planeta. No en vano siempre fueron los dueños del mar. ¡Hellenas!