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Redactora de Tarragona
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El 22 de febrero de 2019, el Port de Tarragona inauguraba la pasarela del Miracle que cruza sobre la vía del tren. Esta estructura no es la fachada marítima que los tarraconenses habían soñado. No obstante, constituía un primer paso para eliminar esta gran barrera física y mental que durante lustros ha separado la ciudad del mar.
Tarragona ha cambiado su relación con el litoral. Después de un largo periodo de hibernación, el inicio de la primavera sacaba este domingo a los tarraconenses de sus casas, y la zona portuaria se convertía en espacio de peregrinación para muchos de estos. La posibilidad de pasear o de hacer deporte en una zona privilegiada como esta es un lujo que pocas ciudades pueden disfrutar.
«Hay un proyecto interesante de renovar toda esta zona, que me parece espectacular», asegura Tomas Didier, del restaurante Par Ici, que abría hace poco más de una semana y media en el Port Esportiu. Este francés asegura que se ha decidido por este emplazamiento, ya que ha visto como en su país, alrededor de los puertos se genera una gran actividad y cree que Tarragona también acabará pasando. «Ojalá sea un polo de atracción, porque con la pasarela tan solo son doce minutos desde el centro», argumenta.
Didier explica que «la única pega» que están comentando los clientes es la pérdida de plazas de aparcamiento. Al respecto, este entorno ha dado un giro de 180 grados. Cuando se inauguró la pasarela había coches aparcados en el Passeig Marítim, debajo de la estructura del Miracle y en las inmediaciones de las oficinas de la Autoritat Portuària y el Passeig del Rellotge.
Poco a poco, la reforma que se ha impulsado ha avanzado hacia un litoral en el que el protagonismo lo tienen los peatones, con aceras anchas, carriles bici y zonas de vegetación autóctona, acorde con los nuevos criterios de urbanismo. El Parc del Port, ahora en obras, es el máximo exponente de esta transformación, que algún día deberá culminar en la zona del antiguo mamotreto. Con todo, los coches han quedado reducidos a la mínima expresión y las zonas de estacionamiento han quedado relegadas a los aparcamientos de pago del Port Esportiu y la Marina Tarraco.
«El problema es que falta parking y la gente no se acerca porque tiene que pagar», indica Chaymae, responsable de uno de los locales de la zona. Los coches que aparcan en las zonas restringidas han sido multados, lo que hace que esta localista no sea muy «optimista» en cuanto a las perspectivas de futuro.
Con la nueva escalinata que mejorará las comunicaciones con el Moll de Costa, urge abordar la última pieza del puzzle: la reforma del acceso desde la Plaça dels Carros, la gran asignatura pendiente, que necesita dejar atrás un sistema de escaleras mecánicas y ascensores que no ha funcionado desde el primer día.