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Los últimos once años, entre 2015 y 2025, han sido los más calurosos desde que existen mediciones, según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El estudio constata que el calentamiento global se ha consolidado como una tendencia continuada y no como episodios aislados, lo que refuerza las alertas de la comunidad científica sobre la evolución del clima.
El informe, presentado este lunes, sitúa 2025 como el segundo o tercer año más cálido en 176 años de registros, con una temperatura media global 1,43 °C superior a los niveles preindustriales (1850-1900). Solo 2024, con un aumento de 1,55 °C, se mantiene como el año más cálido hasta la fecha. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, subrayó la gravedad de la situación al afirmar que “cuando la historia se repite once veces, ya no es una coincidencia, es una llamada a actuar”.
La OMM atribuye este calentamiento a un creciente desequilibrio energético del planeta: la Tierra absorbe más energía del Sol de la que libera al espacio. Este fenómeno se ha intensificado especialmente en las últimas décadas debido al aumento de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, que han alcanzado niveles no vistos en al menos 800.000 años.
El CO2
Uno de los datos más relevantes es que en 2024 se registró el mayor incremento anual de CO2 desde que existen mediciones, en 1957. Este aumento no solo responde a las emisiones derivadas de combustibles fósiles, sino también a la menor capacidad de absorción de los ecosistemas terrestres y los océanos.
Precisamente, los océanos están desempeñando un papel clave al absorber el 91 % del exceso de calor acumulado en el sistema climático. En 2025, el contenido de calor oceánico volvió a alcanzar un récord, y su ritmo de calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas respecto al periodo 1960-2005. Este fenómeno tiene consecuencias directas, como la degradación de ecosistemas marinos, la pérdida de biodiversidad y una menor capacidad para captar CO2.
El calentamiento de los océanos también contribuye a la intensificación de tormentas tropicales y al deshielo acelerado en regiones polares. Según la OMM, tanto la Antártida como Groenlandia han sufrido pérdidas significativas de masa de hielo, mientras que glaciares en zonas como Islandia o la costa pacífica de Norteamérica han registrado retrocesos excepcionales.
En paralelo, la extensión del hielo marino en el Ártico se situó en 2025 entre las más bajas desde que existen datos satelitales. Este proceso, junto al calentamiento del agua, está impulsando la subida del nivel del mar, que ha aumentado 11 centímetros desde 1993 y sigue acelerándose.
El informe advierte además de que algunos cambios, como el calentamiento de los océanos o la alteración de su química, son irreversibles a escala de siglos o incluso milenios. Una señal, según los expertos, de que el impacto del cambio climático ya está profundamente arraigado en el sistema terrestre.