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No creo que Sonsoles Ónega lea esta columna. Pero algo me dice que es imposible dejar pasar su «ejercicio de confianza periodística» . Querida Sonsoles, el periodismo es otra cosa. Hurgar una herida, un drama como el que viven Noelia y su familia es servirle a la ultraderecha y al nacionalcatolicismo una presa fácil. La vida, la real, no la de las redes sociales, está llena de estas historias. El dolor, la depresión, la dificultad de seguir viviendo.Pero la ley española lo deja claro, recurrir a la eutanasia es un derecho individual, íntimo que requiere más generosidad que juicio. Qué difícil es ponerle palabras, y que fácil te fue ponerle micrófonos. ¿Es duro?Es durísimo. En nuestra redacción hemos analizado el tema y creemos que en un «ejercicio de confianza periodística» vamos a explicar cómo se articula la ley que permite pedir la eutanasia, sin juzgar a nadie, sin entrar en las heridas de nadie. Vamos a intentar explicar que lo mejor es otorgarle a la palabra el lugar que merece.Nadie quiere hablar de su muerte, pero la muerte nos llegará a todos. Hablar con tus familiares, acompañarlos para que tu voluntad de fin de vida sea clara, explícita, generosa y al final, lo más serena posible. ¿Es duro? Es durísimo. Pero informar de un tema tan transcendental solo te exige una cosa:no exponer el dolor, sino respetarlo.