Categoría
Tarragona
Antetítulo
Sociedad
Título
La carrera de fondo de la maternidad en solitario
Subtítulo
Tres mujeres de Tarragona que decidieron ser madres sin pareja hablan de los prejuicios que encuentran, los retos económicos a los que hacen frente y sus malabarismos para conciliar
Autores
Norián Muñoz
Redactora de sociedad y educación en Tarragona

Imagen Principal
Laia Marca, Goretti Virgili y María José Carrión, tres madres solteras por elección.
Laia Marca, Goretti Virgili y María José Carrión, tres madres solteras por elección.
Artículo

Cuenta Laia Marca que cuando fue a solicitar el reconocimiento como familia monoparental al poco de nacer su hija (que ahora tiene 8 años), la persona que la atendió le dijo que era obligatorio rellenar la casilla con el nombre del padre. Ella le explicó que no había padre. Y la mujer insistió: «No puede ser. Algún padre debe de tener esta niña». La administrativa no aceptó el formulario hasta que no le explicó que la suya había sido una gestación con esperma de donante.

No es la única vez que le pasa algo similar: también le han dicho que se necesita la autorización del padre a la hora de empadronarse o para hacer otros trámites.

Lo que parece una anécdota es, en realidad, un síntoma de la escasa visibilidad que tiene este modelo de familia formado por quienes han decidido ser madres en solitario y sus hijos.

Quedamos con Laia, Goretti Virgili (tiene una hija de siete años) y María José Carrión (una hija de trece) después de muchos esfuerzos para cuadrar agendas. En el grupo de WhatsApp que creamos había más madres, pero si ya es difícil cuadrar horarios cuando hay que compaginar trabajo y cuidados, el asunto se complica extraordinariamente si la tarea se hace en solitario.

En la ciudad de Tarragona había, según datos del Idescat (de 2021), 8.100 hogares monoparentales, de los cuales 6.600 tienen una mujer al frente. El grupo más numeroso, un 47%, está formado por mujeres separadas o divorciadas; el 27% son viudas, el 13% casadas y otro 13% (unas 900) solteras. En este último grupo están ellas, y puntualizan: en su caso, la maternidad en solitario fue buscada.

El detalle de si hay o no una pareja a la hora de emprender la maternidad es uno de los aspectos que quieren visibilizar. Las madres separadas y divorciadas tienen, en teoría, otro progenitor y otra familia con la que compartir gastos y cuidados, algo que en su caso no pasa.

Este es uno de los motivos de una de sus reivindicaciones: quieren que se las considere familias monoparentales de categoría especial, un grupo que cuenta con más ventajas fiscales. Esta tipología se reserva actualmente a madres y padres a cargo de dos o más hijos, o con un hijo con discapacidad, mujeres víctimas de violencia machista, entre otras situaciones.

Benditos abuelos

Con todo, las tres tienen la suerte de contar con el apoyo de sus familias. Laia se lo contó a sus padres antes de comenzar el tratamiento; Goretti, cuando ya estaba embarazada; y, en el caso de María José, se alegraron desde el primer momento que decidió adoptar.

Goretti, bióloga de profesión, cuenta que ahorró todo cuanto pudo para asegurarse de que podría salir adelante tanto si contaba con ayuda como si no. Había hecho el doctorado en Alemania y estuvo viviendo en distintos países antes de regresar a Barcelona, donde tenía un puesto bien pagado como consultora científica. Cuando decidió ser madre se hizo autónoma y regresó al pueblo, a La Selva del Camp. Aquello requirió una adaptación importante. «He perdido poder adquisitivo para poder criar, te quedas atrás en la rueda», resume.

Actualmente es profesora de la URV y de Formación Profesional, y hasta ahora ha conseguido tener unos horarios que le permiten conciliar. «Como soy pobre a ojos de la administración, mi hija tiene beca comedor», dice. Pero eso se va a acabar próximamente, cuando aumente su jornada laboral.

La beca comedor, de hecho, fue lo que hizo que María José tuviera la idea de encontrarnos. Ella es maestra, igual que Laia, y su hija nunca tuvo beca, aunque fue toda su vida al comedor por necesidad, porque ella estaba trabajando. Por eso le gustaría que no solo se tengan en cuenta los aspectos económicos a la hora de otorgar ayudas: «que no haga falta estar en la indigencia», insisten.

Discriminación laboral

Un estudio de la Fundación Adecco de octubre del año pasado destacaba que el 48,6% de las madres monoparentales (de todo tipo) había experimentado discriminación en procesos de selección; el 72,8% ha tenido que rechazar un empleo por no poder conciliar; el 95% tiene dificultades para llegar a fin de mes; y el 55% afronta dificultades para asumir los gastos en educación (aquí incluyen el comedor y las extraescolares) de sus hijos.

Laia reconoce que las tres, pese a las dificultades, son unas privilegiadas por contar con una formación universitaria y un trabajo estable, aunque las cuentas no siempre cuadren.

Las conquistas de las monoparentales se han ido consiguiendo poco a poco, relatan, pero todavía están lejos de las familias numerosas, que cuentan con condiciones más ventajosas como el bono social de la luz o descuentos en transporte y cultura, y todo independientemente del poder adquisitivo de los padres.

También tienen un largo camino en lo que se refiere a visibilidad. María José pone el ejemplo de la piscina pública a la que llevaba a su hija: se anunciaba en un cartel un precio reducido para las familias numerosas; pero de las monoparentales, ni una palabra.

Más allá del trabajo, cuentan que tener tiempo para socializar no es fácil en sus circunstancias. Y Laia aclara que, aunque haya decidido ser madre en solitario, está abierta a tener pareja.

El encuentro con las tres acaba viendo las fotos de sus hijas. Sobra decir que se les cae la baba. Las niñas saben cuáles son sus orígenes; sus madres se han encargado de explicárselo con naturalidad, con cuentos y otros recursos didácticos desde bien pequeñas (María José puso en práctica todo lo que aprendió en las sesiones de preparación a la adopción), porque de tanto en tanto siempre aparece algún comentario fuera de lugar.