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El legado colorista de Henri Matisse dialoga hasta el próximo 16 de agosto en CaixaForum Barcelona con el de otros artistas como Pierre Bonnard, Georges Braque o Picasso gracias a la exposición Chez Matisse. El legado de una nueva pintura.
Tras su paso por Madrid, la muestra incluye en Barcelona dos novedades con respecto a lo que el público vio allí: el lienzo La Moulade, de 1905, considerado el catalizador de su «gran revolución artística», y las veinte láminas que componen la serie Jazz, procedentes del Musée de Grenoble y que fueron utilizadas para el libro Jazz, de 1947.
La exposición, fruto del acuerdo de colaboración entre el Centre Pompidou y la Fundación la Caixa, se divide en ocho ámbitos diferentes, con 45 obras de Matisse y 49 de otros artistas, tanto figuras del arte del siglo XX como de otros contemporáneos, al final del recorrido, que le rinden homenaje, con una obra destacada como la de la videoartista rusa de origen argelino Zoulikha Bouabdellah.
Un artista capital
La comisaria y conservadora jefa de las Colecciones modernas del Centre Pompidou, Aurélie Verdier, defiende el «papel capital» de un artista que revolucionó la pintura europea por su idea «explosiva» del color. «Matisse es el maestro colorista que inventó unas formas que todavía hoy son contemporáneas», opina.
Asimismo, no deja pasar que su proyecto pictórico, que desarrolló a partir de 1900, tras conocer en profundidad a los artistas más innovadores del siglo XIX, gira en torno a un concepto como el de la alegría, aunque en los años de la Primera Guerra Mundial, como se puede comprobar en los retratos de la actriz Greta Prozor y del coleccionista Auguste Pellerin, su paleta se oscurece. Para Verdier, Matisse es, además, el pintor de la «inquietud crítica», el artista «contra vientos y mareas», con una obra que «todavía hoy nos emociona porque es contemporánea, actual, vigente».
En el recorrido por la exposición, a la vez, subraya que asumiendo «riesgos de manera sistemática», siempre se interesó por «la realidad, por lo que más quería y tenía más cercano».
Tampoco olvida que en Colliure, en el sur de Francia, tuvo lugar el inicio del fauvismo, una «revolución» en la que participaron Albert Marquet, André Derain, Maurice de Vlaminck, Georges Braque y Robert y Sonia Delaunay, siendo de esa época una obra como Lujo, calma y voluptuosidad, de 1904.
En esta exposición, precisamente, su comisaria introduce la mirada femenina con obras de Delaunay, Françoise Gilot, Natalia Goncharova, Baya [Fatma Haddad], Anna-Eva Bergman y Zoulikha Bouabdellah.
Otros artistas que dialogan con la obra del francés son Daniel Buren, Robert Delaunay, André Derain, Ernst Ludwig Kirchner, František Kupka, Mijaíl F. Lariónov, Le Corbusier, Jacques Kipchitz, Albert Marquet, Barnett Newman, Emil Nolde, Kees van Dongen y Maurice de Vlaminck.
Uno de los objetivos de la muestra, según resalta su comisaria, es constatar que la carrera de Matisse no se circunscribió únicamente a Francia, sino que fue «internacional» en todos los sentidos.