Categoría
Antetítulo
Título
Subtítulo
Autores
Imagen Principal

Artículo
Una decena de doctorandos en geología procedentes de distintas universidades internacionales han visitado esta semana la falla del Camp, una fractura superficial de la corteza terrestre con potencial para generar terremotos. La actividad forma parte del proyecto europeo Tread, una iniciativa que combina investigación científica y formación avanzada con el objetivo de mejorar la comunicación del riesgo sísmico entre la población.
La jornada de este viernes ha tenido un carácter práctico. Los participantes se han desplazado hasta el término municipal de Mont-roig del Camp, donde han podido observar directamente las estructuras geológicas que evidencian los últimos movimientos de la falla. Este contacto sobre el terreno permite a los investigadores comprender mejor el fenómeno sísmico y evaluar el peligro asociado.
Según ha explicado Marc Ollé, investigador predoctoral de la Universidad de Barcelona, la falla del Camp presenta una tasa de desplazamiento “bastante lenta”, de aproximadamente 0,02 milímetros al año. No obstante, ha subrayado que este dato no debe llevar a la complacencia. “Nuestro trabajo como geólogos consiste en entender estos procesos y describir el peligro que conllevan”, ha señalado.
La falla del Camp tiene una extensión considerable: se inicia en la zona de Valls y se prolonga hasta la costa de la Almadrava. En su recorrido, se sitúa cerca de infraestructuras consideradas vulnerables, como la central nuclear de Vandellòs II o el embalse de Riudecanyes, lo que incrementa la relevancia de los estudios sobre su comportamiento.
En este sentido, Ollé ha insistido en la necesidad de disponer de información geológica precisa para anticiparse a posibles situaciones de riesgo. “Transmitimos estos datos a las administraciones, que deben evitar la exposición al peligro. Cuando no es posible, son los ingenieros y técnicos quienes deben garantizar que las infraestructuras estén preparadas para resistirlo”, ha indicado. Este conocimiento, añade, es clave para reducir la probabilidad de accidentes.
La importancia de comunicar el riesgo
Más allá del análisis científico, el proyecto Tread pone un énfasis especial en la divulgación. Bajo el título ‘Comunicación de la ciencia y cocreación del conocimiento: mejora de la resiliencia social ante los riesgos naturales’, el taller ha incluido también actividades en centros educativos de primaria y secundaria de Móra d’Ebre y Tivissa, así como encuentros con responsables municipales.
El objetivo es trasladar a la ciudadanía la realidad sísmica del territorio. Aunque Cataluña no es una zona de alta actividad sísmica, sí se han registrado terremotos en áreas como los Pirineos o el litoral. Los estudios sobre la falla del Camp indican que algunas de sus estructuras podrían llegar a romperse y generar sismos de magnitud entre 6,5 y 7 en la escala de Richter.
Maria Ortuño, profesora agregada de la Universidad de Barcelona e integrante del grupo de investigación RiskNat, ha destacado que estos escenarios no deberían traducirse necesariamente en daños graves si se gestionan correctamente. “Si se tiene en cuenta este riesgo, se informa y se educa a la población, no tendría por qué haber consecuencias importantes. El problema es cuando no hacemos ese trabajo. Es una tarea pendiente que debe abordarse con decisión en las próximas décadas”, ha advertido.
El proyecto Tread tiene también una vertiente formativa clave. Su coordinador, Bruno Pace, profesor de la Universidad de Chieti (Italia), ha explicado que la iniciativa busca “entrenar” a una nueva generación de especialistas en sismología mediante talleres y actividades en distintos países europeos.
Para los doctorandos, la experiencia de campo resulta fundamental. “Es muy importante que puedan ver de cerca las zonas que estudiamos desde la oficina. Necesitamos saber dónde recoger datos y entender cómo se obtuvieron en el pasado”, ha señalado Pace. En el caso de la falla del Camp, ha recordado que ya fue objeto de estudio hace 25 años, lo que permite comparar la evolución de la zona.
El proyecto, que cuenta con once estudiantes procedentes principalmente de Alemania, Países Bajos, Italia y España, concluirá el próximo año tras tres años de actividad. Su legado, según los organizadores, no solo será la formación de nuevos expertos, sino también una mayor conciencia social sobre la importancia de convivir con los riesgos naturales desde el conocimiento y la prevención.