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El Calafell rompió la barrera y eliminó al Reus Deportiu en los cuartos de final de la Copa del Rey (4-2). Tras el KO en el Joan Ortoll del año pasado, los de Guillem Cabestany vengaron su derrota con un choque en el que demostraron que son un equipo listo para todo. Fueron extremadamente efectivos y Martí Serra los sujetó en todo momento. El actual campeón quiso cambiar su destino hasta el último instante, pero vio cómo la corona se le iba de las manos. Habrá nuevo rey y el Calafell sueña con serlo.
Ya no existen secretos entre Calafell y Reus. Cada encuentro se ha convertido en una rutina en la que resulta complicado sorprender al otro. No hay resquicios tácticos con los que hacer daño al rival. Todo se intuye porque el tablero de ajedrez tiene todas las jugadas dibujadas. Con este panorama, el aspecto mental ya se presuponía que iba a tomar el control. Gestionar las emociones, se le llama hoy en día, o mejor dicho, competir con y contra ellas. El mata-mata llegaba a las primeras de cambio por tercer año consecutivo en la Copa del Rey, aunque esta vez era l’Ateneu el escenario emblemático que acogía esa guerra sin cuartel.
El Calafell comparecía con el plantel intacto, mientras que el Reus lo hacía con la baja de Càndid Ballart en la portería. Galones para un Nil Viña que ya había demostrado en las últimas semanas que no le pesa la responsabilidad. Parece nacido para ello o, al menos, se la ha curtido con mimo en los últimos años para que su destino sea ese.
Martí Serra marcaba terreno
En el vértigo inicial no hubo sobresaltos porque la figura de Martí Serra infundió respeto desde el primer bocado. Ni cinco minutos habían pasado y el portero del Calafell ya había coleccionado tres de esas paradas que ha normalizado tanto que no por eso han dejado de ser extraordinarias. Ni Oruste, ni Casas ni Julià pudieron poner al Reus por delante, pese a que la salida rojinegra fue buena.
El Calafell respondió a esas aproximaciones con un par de acciones en las que obligó a presentar asistencia a Nil Viña, que exhibió firmeza en sus dos primeras intervenciones claras. Faltaban apenas nueve minutos cuando Jero García le puso a prueba. No desfalleció y le enseñó al rival que aquel escenario no le quedaba para nada grande.
Lo que estaba claro es que en el derbi copero cada pequeña acción contaba porque el partido andaba entre grilletes. Todo estudiado, todo bajo aparente control, todo a la espera de un chispazo de esos que nada detiene. El Reus volvió a rozar la ventaja a falta de poco más de un minuto en una doble acción en la que Serra volvió a ser un muro.
El Calafell tiró de VAR en una acción invisible a simple vista, pero arañó un penalti justo antes del descanso tras la revisión arbitral. Aleix Marimon tenía la posibilidad de colocar a su equipo por delante, pero se encontró con el palo. No dio tiempo a la decepción porque en el rechace lo capturó de nuevo un Marimon, que rescató esa bola perdida y superó a Nil Viña. El Reus solicitó el VAR reclamando una falta en esa acción consecutiva que los colegiados no apreciaron. El 1-0 antes del descanso ya era una realidad, pero faltaba un último chispazo antes de la tregua.
A falta de cinco segundos, Julià encontró el resquicio y, cuando ya vislumbraba el final del camino frente a Martí Serra, fue derribado. El Calafell volvió a buscar la ventaja con el VAR, pero esta vez no hubo respuesta positiva: penalti. Joan Salvat, el capitán, asumió galones y lanzó una pena máxima en la que el guardameta de Voltregà volvió a ser impenetrable. La primera mitad había guardado el desequilibrio para su recta final y en ella el Calafell mandaba. La segunda parte prometía más sobresaltos porque la trinchera ya no le valía al Reus.
El conjunto rojinegro necesitaba inyectarle gasolina al segundo tiempo desde el inicio y salió decidido a ello. Maxi Oruste y Carles Casas se toparon con Serra y el palo, respectivamente, en los primeros minutos. El Reus estaba vivo y el Calafell ya había comprendido que tocaba enfundarse el traje de resistencia, con el reloj jugando a su favor. Los de Guillem Cabestany endurecieron el partido y cometieron cuatro faltas en apenas cinco minutos que dejaron la décima a solo un cartucho. El Reus se relamía pensando en esa falta directa, aunque sin olvidar el presente.
Y la décima no tardó en llegar porque Selva perdió la bola e hizo falta sobre Marc Julià. Ahora sí, el Reus volvió a tener el empate en sus manos. Esta vez era Martí Casas el que tomaba la responsabilidad frente a su exequipo. Bajo el cántico de “Eres un traidor” por parte de la afición del Calafell, el atacante intentó superar a un Martí Serra que volvió a salir ileso. Impecable el portero verdiblanco, que se estaba erigiendo como el jugador más determinante del derbi.
El Reus no solo había vuelto a perdonar, sino que la décima también estaba cerca. Una falta de Jansà la colocó en el horizonte inmediato, con todavía 18 minutos por delante. Era cuestión de tiempo. Mientras, el partido se andaba descosiendo sin remedio. En este terreno el Calafell volvió a tirar de colmillo. Una transición fugaz de Carles Domènech halló premio tras encontrar solo en el segundo palo a Jero García, que no fallaba ante Nil Viña y colocaba el 2-0 en el marcador. El derbi se rompía.
Lo que nadie esperaba es lo que sucedió en los instantes siguientes. Puro rock and roll. Primero fue Joan Salvat el que desvió un tiro lejano de Diego Rojas para devolverle la fe a los rojinegros. El 2-1 no duró demasiado porque, nada más sacar de centro, fue Jero García el que recogió un rechace tras un tiro lejano y volvió a desatar el delirio de la afición del Calafell. El 3-1, con apenas 10 minutos por delante, sí que colocaba al Reus en el alambre y al Calafell muy cerca de las semifinales. A esos minutos de locura se añadió un apagón que congeló el partido durante un par de minutos. La calma antes de la tormenta final.
Tras la reanudación llegó la décima del Reus y le puso al Calafell la sentencia en bandeja. Folguera no titubeó y superó a Viña, poniendo el 4-1 y reventando toda esperanza rojinegra.
El Reus resistió su caída. Carles Casas marcó el 4-2 a falta de tres minutos para el final y una azul a Domènech, tras entrar de nuevo el VAR en juego, a menos de un minuto le dio un penalti soñador a Martí Casas que repetía ante su verdugo Martí Serra. Ese final lo resumió todo: el portero verdiblanco volvió a reinar. Él quiere el trono y su equipo también. El Reus dice adiós a la corona y el Calafell ahora sueña con más fuerza que nunca con ella.
Un instante del apasionante derbi entre Calafell y Reus.
