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Este jueves, la Universitat Rovira i Virgili (URV) celebra su gran día. El Parc del Francolí se convierte, por segundo año consecutivo, en el epicentro de una jornada que busca consolidar el sentimiento de comunidad universitaria entre todos sus campus: Tarragona, Reus, Vila-seca, Tortosa y El Vendrell.
Apenas pasadas las dos del mediodía, en las facultades ya se respira un aire de cuenta atrás. Aunque el grueso de las actividades aún está por comenzar, la organización lleva horas en marcha afinando los últimos detalles. La programación de este año combina la tradición universitaria con propuestas de ocio más actuales, pensadas para fomentar la convivencia y la participación.
Uno de los momentos más esperados será la comida popular, concebida como un espacio de encuentro entre estudiantes de distintas disciplinas. A lo largo de la tarde, el ambiente se animará con actividades como el bingo musical y el karaoke grupal, dos iniciativas que en ediciones anteriores lograron una gran acogida y que este año vuelven con la intención de repetir éxito.
El talento local también tendrá su protagonismo con el concurso de DJs, que arrancará a las 17:50 horas en el escenario del Francolí. La jornada culminará con el concierto de cierre a cargo de Las Femme Versions, encargadas de poner el broche final a una noche que se prevé multitudinaria.
“No quiero pagar el triple, no es justo”
Sin embargo, el camino hacia el Francolí no ha estado exento de baches. Detrás de los carteles de "sold out" y la alta expectación en redes sociales, se esconde un sector del público estudiantil que hoy vive la fiesta con sabor agridulce.
Uno de los puntos más críticos ha sido la gestión de la venta de entradas. Según han denunciado varios usuarios, la página web oficial de la URV sufrió un fallo técnico que indicaba erróneamente la fecha de inicio de la compra, dejando a muchos alumnos fuera de juego. Este es el caso de Andrea Cortés, estudiante de Periodismo, quien resume el sentir general ante la reventa descontrolada: "No quiero pagar el triple por una entrada; algo que originalmente costó 4 euros. No es justo", lamenta. Además, asegura que la reventa fue la única alternativa que encontró al no poder comprar su pase por la indicación “errónea” de la web.
Asimismo, el aforo, limitado a 8.000 personas, se ha quedado pequeño para una comunidad universitaria que supera los 16.000 miembros. Esto ha disparado las quejas por la exclusión de parte del alumnado, que critica que la organización no haya previsto un sistema de mayor capacidad para evitar el colapso, tanto digital como físico.
La desesperación por no perderse la cita del año ha afectado incluso a los alumnos de intercambio. Marta Hupka, estudiante Erasmus de Polonia, relata su asombro ante la situación: "Entré tarde en la web y ya estaban agotadas. Al preguntar, encontré gente que las revendía a 15 euros solo para sacar provecho y ganar dinero. No me lo esperaba y me parece una locura", explica Marta, quien finalmente tuvo que pagar ese precio el día anterior para poder asistir.
A los precios inflados se sumó la inestabilidad de la plataforma de pago. Una estudiante de Historia que prefiere mantener el anonimato, señala fallos de seguridad y logística en la web: "La página funcionaba muy mal. Una vez hacías la cola virtual para comprar tu entrada, el sistema permitía volver a ingresar varias veces y seguir comprando más pases para otras personas". Este error en el control de acceso a la compra habría facilitado, según los afectados, que unos pocos acapararan entradas mientras la mayoría se quedaba ante una pantalla bloqueada o, peor aún, “haciendo cola por media hora para no conseguir nada", asegura la estudiante.
Pese a los contratiempos técnicos y las críticas organizativas, Tarragona se prepara para una de sus tardes más vibrantes del año donde, una vez más, las ganas de fiesta intentarán compensar los desajustes de la organización.