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No está siendo una temporada sencilla para un Nàstic que ha llegado al tramo final de diez jornadas metido en la pelea por un descenso que tiene a solo un punto. Tras dos años consecutivos llegando y perdiendo la final del play-off de ascenso a Segunda contra Málaga y Sanse, los tarraconenses viven una nueva etapa en la que les va a tocar pelear por otra meta mucho menos dulce.
Salvar la categoría es el objetivo, pero eso no quita que el Nàstic tenga ganado el respeto de una categoría de la que ya es un clásico.
Un equilibro agridulce
Y no es una etiqueta vacía. Desde la creación de la Primera RFEF en 2021, el conjunto grana forma parte de un grupo muy reducido de equipos que han resistido sin moverse ni un peldaño: ni ascensos soñados ni descensos traumáticos. Un equilibrio extraño, casi una condena y un mérito a partes iguales. Junto a ellos, Algeciras —su próximo rival—, Unionistas, Castilla y Fortuna completan ese club silencioso de la estabilidad.
Pero este curso amenaza con romper la inercia. El margen es mínimo, el calendario aprieta y la red de seguridad ya no existe. El Nàstic, que hace nada rozaba el regreso al fútbol profesional, mira ahora hacia abajo con mucho temor, aunque dependiendo de si mismo.