Categoría
Prismàtics
Título
Más allá de la falta de libertad y los apagones
Autores
P.J. Armengou
Redactor Jefe

Artículo

En Cuba se cuece una nueva revolución. Y una de signo contrario a la que llevó al poder a la familia Castro. Las manifestaciones aumentan por momentos y el desconento popular es ya imparable. La ciudadanía cubana reclama un cambio, y parece dispuesta a llevarlo a cabo por sus propios medios. Si es que Donald Trump no se les adelanta, y se marca con la isla su particular hat-trick de intervenciones en el extranjero. Lo ha avanzado más de una vez: tras Venezuela e Irán, el siguiente será Cuba. «Tomar Cuba, eso sería un gran honor», decía con ligereza el magnate, el pasado lunes.

Mientrastanto, la situación en la isla se hace cada vez más insostenible. Hasta el punto que algunos cubanos empiezan a desear la invasión gringa. La isla vive su sexto apagón general en un año y medio: más de 9 millones de personas están sin luz. Por lo general, en La Habana hay cortes de 15 horas y en algunas provincias de hasta dos días. Hay escasez de alimentos, medicinas y combustible. La economía está muy debilitada y depende de remesas que apenas llegan. Para colmo, el sur del país sufrió ayer un terremoto de magnitud 6.

Pero no es sólo esta situación la que subleva a los cubanos, ni la falta de libertad de expresión y reunión, o la desconexión con el mundo y la dificultad para viajar... Que también. Si no ver que nada de eso afecta a la clase dirigente. Los nietos de Fidel y Raúl Castro son un caso paradigmático.

En los últimos años, los cachorros de los Castro se han prodigado sin rubor alguno por las redes sociales, exhibiendo un estilo de vida ostentoso, inaccesible para el cubano medio. Sandro, nieto de Fidel, por ejemplo, es dueño de varios locales de ocio nocturno en La Habana, conduce un Mercedes y presume de fiestas y alcohol en su Instagram.

Es la estocada final para un pueblo cubano que pasa hambre, está a oscuras y no tiene libertad. Además de cornudos, apaleados.