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Uno de los primeros mensajes que lanzó Pablo Alfaro en sus comparecencias como entrenador del Nàstic fue claro: el equipo debía ser sólido. Manolo Martínez, leyenda grana y a sus órdenes en el Recre, ya advirtió en el Diari que el orden es una de sus obsesiones. Todo apuntaba, por tanto, a un propósito evidente: construir un bloque más contundente y empezar a borrar una fragilidad defensiva que le ha perseguido sin tregua. Ante el Sabadell, rival con talento y pólvora, los granas no ganaron, pero firmaron un empate sin goles en un duelo de vértigo en el que recuperaron algo más que un punto: la portería a cero. Puede parecer una anécdota, pero no lo es.
Frente al Sabadell no se pudo ganar, pero el Nàstic sumó un punto y cortó una sangría en defensa que preocupaba... y mucho. Los tarraconenses habían encajado gol en los seis últimos encuentros y llegaban de haberse llevado cuatro tantos en contra en su visita al Eldense. Esa racha de goles recibidos pesaba en la moral del equipo y también en la grada, donde cada ataque rival generaba un murmullo de inquietud. Ahora, por fin, se vio un equipo capaz de cerrar líneas, anticiparse y hacer que la portería fuera un territorio inexpugnable durante noventa minutos.
El hecho remarcable no es que el Nàstic no encajara, sino que apenas le ofreció chances de gloria al Sabadell. El conjunto grana recuperó la agresividad y la contundencia en el debut de Pablo Alfaro en el banquillo. Solo un disparo de Godoy tras una pérdida de Mángel Prendes y un paradón de Rebollo a un tiro de larga distancia de David Astals justo antes del descanso pusieron el corazón en un vilo de los aficionados granas.
Mejoría defensiva evidente
El resto de las aproximaciones arlequinadas quedaron en nada porque hubo un equipo que defendió con el orden y la contundencia que exigía el rival. Fue un bloque que supo cuando tocaba apretar en la salida de balón arlequinada y que tampocó tuvo problemas en replegarse en un bloque bajo en el que supo resistir cuando tocaba con orden y rigor.
Que el Nàstic deje la portería siempre le acerca a la victoria. En realidad, sucede con cualquier equipo de una categoría en la que todo se decanta por pequeños detalles. Lo dicen las sensaciones, pero también lo refrendan unos números que son más que explicativos: de las nueve victorias que han conseguido los granas, cinco han venido motivadas tras dejar la portería a cero. ¿Casualidad? Para nada. Es un patrón que refleja cómo la defensa puede marcar el pulso de toda una temporada, cómo un equipo que se siente seguro atrás empieza a confiar más con la pelota y a ser más ambicioso en ataque.
La imbatibilidad lograda frente al Sabadell fue el claro ejemplo de lo que busca Pablo Alfaro en su Nàstic. Un equipo que parta del orden, que sea agresivo con y sin la pelota y que sobre todo demuestre hambre y contundencia en cada choque. Así era él como futbolista y así exige que sean sus equipos sobre el césped. Esa filosofía se traduce en intensidad y en la capacidad de leer los momentos del partido con claridad. Cada corte, cada despeje y cada disputa se convirtieron en pequeñas victorias dentro del mismo encuentro. La grada lo percibió así y por eso los aplausos fueron muchos más constantes que en citas pasadas.
Ahora por delante llegan diez jornadas en las que la permanencia está en juego. No encajar asegura un punto y acerca y mucho al Nàstic a la victoria. Algeciras será otra dura prueba de fuego para comprobar si la mejora defensiva es real o el duelo frente al Sabadell fue lamentablemente un simple accidente. Cada partido de aquí al final del curso será un examen de madurez y carácter, y mantener la portería a cero puede ser la clave que incline la balanza.
El aficionado confía en que el ‘Efecto Alfaro’ sea una realidad y que la intensidad y la agresividad que mostró el equipo en el debut del entrenador aragonés haya llegado para quedarse. La grada volvió a vibrar con cada despeje, con cada balón recuperado, y el clima en el Nou Estadi recordó a tardes en las que la solidez defensiva había sido un sello. Lo que está claro es que este Nàstic necesita ser sólido para que la permanencia sea una realidad. Sin encajar, todo cambia.