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Diari de Tarragona
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La recuperación y preservación de las tradiciones no es fruto del azar, sino del compromiso silencioso y constante de generaciones enteras. En el caso de la Setmana Santa en localidades como Tarragona, Valls, Reus o Tortosa, ese compromiso tiene, en gran medida, rostro de mujer. Frente a ciertas actitudes ancladas en un pasado excluyente —como las reacciones sorprendentes que aún hoy se observan en lugares como Sagunto—, Tarragona representa un ejemplo de evolución y coherencia con los valores de igualdad. Desde 1979, las mujeres participan en igualdad de condiciones en sus procesiones, no como invitadas, sino como protagonistas legítimas de una tradición viva. Pero la igualdad en Tarragona no es solo simbólica: es real y cuantificable. Las mujeres representan aproximadamente el 80 % de los participantes en la procesión del Sant Enterrament del Viernes Santo. Este dato no solo habla de presencia, sino de liderazgo, implicación y responsabilidad. Sin embargo, su contribución va mucho más allá de lo visible. Son ellas quienes, en muchos casos, sostienen la tradición desde la base: organizan, cosen, enseñan, transmiten valores y mantienen vivo el significado profundo de estas celebraciones. Sin ese trabajo constante —muchas veces invisible y poco reconocido— las tradiciones simplemente se diluirían con el paso del tiempo. Ahora bien, esta realidad plantea una cuestión inevitable: ¿puede hablarse de verdadera igualdad si las mujeres están presentes en la base, pero no en la cúspide de la toma de decisiones? El siguiente paso —necesario y urgente— es que esa igualdad se traslade también a los espacios de poder. No basta con participar; es imprescindible decidir. Esto implica abrir plenamente las estructuras de gobierno de cofradías, hermandades y entidades organizadoras, pero también va más allá del ámbito religioso.La igualdad debe consolidarse en todos los niveles. En el ámbito político, donde se diseñan las políticas culturales y se decide qué tradiciones se apoyan y cómo se proyectan. En el ámbito religioso, donde históricamente las estructuras han sido más resistentes al cambio y donde la voz de las mujeres sigue infrarepresentada.