Categoría
Tarragona
Antetítulo
Sociedad
Título
Tarragona: Así conquistaron las mujeres la Semana Santa
Subtítulo
Hace casi medio siglo que las mujeres pueden salir en procesión, pero su trabajo invisible estaba allí desde mucho antes
Autores
Norián Muñoz
Redactora de sociedad y educación en Tarragona

Imagen Principal
Las mujeres no pudieron participar a cara descubierta en la Semana Santa hasta 1979.
Las mujeres no pudieron participar a cara descubierta en la Semana Santa hasta 1979.
Artículo

Tarragona

«La Real y Venerable Congregación de la Purísima Sangre, en su habitual reunión, acordó que este año las mujeres podrían tomar parte en la procesión del Santo Entierro. Y este es un dato curioso, pues es la primera vez que a la mujer le es permitido el mismo derecho que al hombre. Ciertamente ya participaba en calidad de penitente, con sus negras vestas y los improperios correspondientes, pero entre las dos filas de hombres que, en plan casi protector, cobijaban a las damas como una clueca a sus polluelos».

Así describía José Luis Gómez de la Guerra, en 1979 en el Diario Español, el histórico anuncio: las mujeres podían por fin salir como miembros de pleno derecho en la procesión de Viernes Santo. Pese a ser un hito, la noticia no salió en portada.

Han pasado 47 años desde entonces y ya nadie discute la presencia de las mujeres en la Semana Santa de Tarragona. No es raro, pues, que desde aquí parezca tremendamente lejana la polémica de Sagunto (Valencia), donde la Cofradía de la Purísima Sangre, que organiza los actos principales, votó por no permitir que las mujeres participen como cofrades.

Camufladas entre los hombres

Jordi Bertrán, gestor cultural e investigador del patrimonio de la ciudad (actualmente diputado al Parlament), explica que, desde los orígenes de la procesión, en el siglo XVI, las mujeres solo podían participar como penitentes (pagando una promesa). Iban tapadas con el capirote y con alguno de los improperios (símbolos que representan los instrumentos de la Pasión de Cristo, como la cruz, los clavos, el reloj de las horas o el gallo) que se repartían por sorteo. Era una posición dura, físicamente hablando, porque implica llevar a cuestas un objeto durante horas.

Pero eso no quiere decir que todas se resignaran. Cuenta Bertrán que hay textos de finales del siglo XIX y principios del XX donde se hablaba de mujeres, sobre todo jóvenes, que se las ingeniaban para salir camufladas entre los hombres, generalmente con la complicidad de familiares miembros de la cofradía que les prestaban sus vestas. Otros textos hablaban también de la necesidad de ‘perseguir’ estas conductas.

Cambio de aires

Pilar Ortiz, histórica del Gremi de Pagesos de Sant Llorenç i Sant Isidre, recuerda que la primera vez que salió en la Semana Santa fue con la vesta que le había dejado una amiga. Lo hizo como penitente durante tres años para cumplir una promesa.

Ortiz recuerda que en aquellas primeras procesiones de Viernes Santo con la llegada de la democracia, ella no pudo salir porque estaba criando seis hijos. Cuenta, eso sí, que con la llegada de las mujeres a la procesión, no solo aumentó el número de personas que participaban en la Semana Santa, sino que hubo un cambio de aires: «fue el no va más», rememora.

La vinculación de Ortiz con el Gremi de Pagesos comenzó en 1998; allí llegó a ser presidenta de la Sección de Señoras de La Pietat.

Cuando le preguntamos sobre la polémica de Sagunto, dice que le parece «vergonzoso» que a estas alturas se esté discutiendo si las mujeres deberían participar. «En Tarragona ahora mismo calculo que somos el 80% de la Semana Santa», apunta. Está convencida de que el punto de vista de las mujeres debería estar siempre presente dentro de las cofradías a todos los niveles. Y advierte que, aunque no siempre han estado a la vista, han echado «muchas horas de trabajo», sin las que la fiesta habría sido imposible.

Ellas ‘arrastraron’ a la familia

Maria Antònia Blanco Segura sale en procesión con la congregación de señoras de La Soledat desde que tenía unos 10 años. Desde entonces, solo ha fallado un año porque la habían operado. Es secretaria en la junta y lleva 25 años ocupándose de la edición de la revista de la entidad.

La Congregació de Senyores sota la invocació de la Puríssima Sang del nostre Senyor Jesucrist i de la Mare de Déu de la Soledat es, de hecho, indispensable para hablar de las mujeres en la Semana Santa de Tarragona. Este 2026 se cumplen 150 años desde que se permitiera a la sección de mujeres de La Sang tener sus propios estatutos, lo que las convertía en una cofradía de pleno derecho, todo un privilegio para la época. Es una de las ocho cofradías de mujeres en el Estado.

Con todo, y pese a que las mujeres conformaban la junta, tomaban decisiones y se ocupaban de toda la organización, en la procesión solo se veía a los portantes, que siempre eran hombres (actualmente son hombres y mujeres, igual que en la banda de música).

Blanco recuerda que en 1979, cuando se permitió salir a las mujeres, la sorpresa les pilló un poco a contrapié. Todavía recuerda la primera impresión al ver por primera vez a las mujeres de los Natzarens con la cara descubierta. Ese año, de la Soledat procesionaron diez mujeres. Al año siguiente fueron muchas más, y de todas las cofradías.

Blanco coincide con Ortiz en que la incorporación de la mujer en ese momento fue clave, porque antes solo salían los señores y, al salir ellas, arrastraron también a los hijos. Cuenta orgullosa que sus tres nietos, de 13, 10 y 8 años, son unos entusiastas de la Semana Santa. Sobre la polémica de Sagunto, prefiere no opinar; defiende que cada cofradía decide sobre sus estatutos.

Ella también defiende que, sin el trabajo silencioso de las mujeres durante todo el año, sería imposible sostener la tradición Recuerda a su madre planchando y cocinando estos días, y a personas de todas las cofradías pasando por su casa a vestirse y a merendar.

Carla Pomerol, periodista del Diari de Tarragona, recogía hace unos días, en la presentación del Opuscle de la Associació del Pas de la Passió, algunos de esos trabajos invisibles: «Hablo de las mujeres que planchan la vesta de todos los miembros de su familia. Hablo de las mujeres que confeccionan estas vestas y las que, a última hora, van a comprar los guantes azules porque no sabemos dónde los dejamos el año pasado. Las que preparan las flores de los pasos. Las que se encargan de controlar los penons y las banderas. Las que sacan la cera de los cirios. Las que procuran que los tambores estén a punto o que el paso esté limpio como una patena. Las que nos llevan la cena al llegar a la Plaza del Rey... Mujeres sencillas, sensibles, a menudo invisibles, pero sobre todo imprescindibles».

Rompiendo estereotipos

Maria Grau es la subprefecta de la Reial i Venerable Congregació de la Puríssima Sang de Nostre Senyor Jesucrist. Es la primera mujer en el cargo en una entidad a la que ellas no pudieron entrar hasta 2020. Ahora son 52, en torno al 10% de los congregantes.

Esta apertura las ha hecho merecedoras del premio Pasos 2026 que entrega la Asociación Mujeres Cofrades de Cartagena. Les han reconocido por su «trayectoria ejemplar en favor de la igualdad y de la integración plena de la mujer en el ámbito cofrade».

Grau cree que, por suerte, las cosas van cambiando poco a poco, y considera que «en pleno siglo XXI, que todavía estemos debatiendo si las mujeres podemos participar en la procesión o no, demuestra cierto pensamiento retrógrado».

Más allá de la tradición y el sentimiento religioso, las cofradías no dejan de ser organizaciones humanas, con todas sus complejidades. Grau no siente que le hayan hecho de menos por ser mujer y recuerda que no es la única en su cargo en Tarragona. «Las mujeres siempre hemos estado allí; dudo de que hace 100 años, cuando las mujeres no podían salir en la procesión, los hombres se cosieran las vestas del momento», remata.

Pilar Ortiz en la iglesia de Sant Llorenç esta semana.
Pilar Ortiz en la iglesia de Sant Llorenç esta semana.