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Redactora de Costa
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Retiran paseos, desmantelan aparcamientos y derriban locales. Los municipios de la Costa Daurada, a veces a iniciativa propia y otras empujados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, demuelen y reubican lo que un día construyeron en su litoral para devolver espacio a las playas y regenerarlas, ante la subida del nivel del mar y el aumento de temporales. Los proyectos han aflorado en los últimos años.
El más ambicioso de los que actualmente se están ejecutando es la transformación del frontal marítimo de La Pineda: 7,2 millones y 14 meses de trabajos a cargo del Estado para eliminar la carretera y retroceder 20 metros el paseo entre la calle Hipòlit Lázaro y el límite con Cap Salou, recuperar el sistema dunar y plantar verde. Las obras deberían haber acabado en febrero, pero el Ayuntamiento de Vila-seca detalla ahora que lo harán a finales de abril y prepara corredores para el acceso de los bañistas durante la Semana Santa.
«Los niños que nazcan hoy son la generación que verá desaparecer las playas de Tarragona engullidas por el agua. Cuando hayan cumplido mi edad, unos 60 años, ya no estarán. Y es la primera vez en la historia que eso ocurre», señala, tajante, el experto en biología marina Jaume Folch, miembro del grupo de investigación TecnATox-URV y profesor de Bioquímica y Biología Molecular en la Universitat Rovira i Virgili.
Habla del cambio climático y de sus efectos: «Estamos en un proceso vertiginoso, imparable. La temperatura aumenta y el mar ha subido aquí un palmo en el siglo XX. Y no hemos invertido en hallar soluciones, sino que siempre actuamos de urgencia». ¿Sirven las intervenciones que están empezando a llevarse a cabo en la Costa Daurada? «Es que es lo único que tenemos, las opciones son adaptarse y mitigar», señala el investigador, que destaca la necesidad de contar con los llamados espacios azules –lugares al aire libre ligados al agua– por su rol en la salud de la ciudadanía y llama a «explorar la tecnología» para preservarlos.
En La Pineda, antes de desarmar el paseo, se plantaron especies que crecen en la arena para recuperar las dunas de la playa y alrededor de los chiringuitos, del grupo escultórico Marca d’Aigua y en las zonas ajardinadas; y se puso una pérgola, todo ello a través de una inversión de 500.000 euros. Además, está a punto de culminar la restauración de Els Prats d’Albinyana de Vila-seca –2,3 millones financiados por la Autoritat Portuària de Tarragona–, donde se crea una gran laguna rodeada de un bosque de ribera con 13.000 árboles y 40.000 plantas que conectará con la playa.
Pero muchas otras localidades también se preparan para transformar su costa. Es el caso de Salou, que despliega un plan de renaturalización del litoral consistente en sustituir vegetación por plantas autóctonas para ganar resiliencia. Buena parte de estas se concentrarán en la zona de Cap Salou.
Sin embargo, el proyecto de más alcance se enfoca en la playa de Llevant, de la que está previsto «retirar elementos artificiales» en una primera fase, entre la calle París y la Font Lluminosa, tal como apunta el Ayuntamiento. A lo largo de 500 metros se suprimirán pavimentos de hormigón y construcciones permanentes como fuentes ornamentales, muros y parterres. El coste rondará el millón de euros.
En ese mismo contexto, en abril será derribada la Coctelería Belvedere «para recuperar espacio natural de la fachada marítima». En el pleno de enero, ya se había declarado extinta la concesión para la explotación del establecimiento. En la superficie que quede vacía se plantarán igualmente especies autóctonas que den lugar a una «cubierta vegetal continua». El consistorio subraya que las obras no afectarán a la plaza de las Comunitats Autònomes ni a los aparcamientos de los alrededores, y quedarán suspendidas durante la época de baño.
El Cap de Sant Pere
Cambrils, a su vez, vivió en 2025 la eliminación de un pequeño tramo del paseo marítimo de Llevant en la desembocadura de la riera de Maspujols, pilotada por Costas. Y vio el fin, también, del parking junto a la playa de Horta de Santa Maria, que había sido vaciado de vehículos y clausurado poco antes. Costas se ocupó de las tareas, con una inyección de 29.386 euros. Algo casi idéntico se ejecutó en Torredembarra y Creixell: los aparcamientos de Muntanyans y de los alrededores del Camping La Gavina se devolvieron a la naturaleza.
Desde hace un tiempo, en cambio, Cambrils persigue un nuevo hito: ha abierto diálogo con Costas para renaturalizar parte del paseo en el Cap de Sant Pere. «Lo estamos abordando con el Estado y es algo que ya se ha hecho en otros municipios», señalaba el alcalde, Oliver Klein, en una entrevista reciente al Diari. «Es para sumar espacio de playa en un punto en el que está muy mermada. Justo allí no habrá chiringuitos porque está todo muy constreñido. Y el diseño del carril bici no pasaría por primera línea de mar sino por la avenida Diputació», planteaba.
Mont-roig del Camp viene de inaugurar el paseo de las Calas, que acaba de cumplir un año: se reformaron cerca de tres kilómetros entre la Cala dels Àngels y la Cala dels Penyals, con 10 millones de euros, para convertirlos en «espacio naturalizado».
Mientras el litoral de Tarragona se desurbaniza, vecinos y turistas lo miran transformarse, a veces, sin un conocimiento demasiado profundo sobre por qué y cómo. «Quizá no está suficientemente comunicado a la ciudadanía en general. Pero son necesarias y cada vez las veremos más», señala Anna Boqué, investigadora del Institut Universitari de Recerca en Sostenibilitat Canvi Climàtic i Transició Energètica (IU-RESCAT) de la URV.
«Durante muchos años, hemos estado urbanizando el continuo de la costa catalana. Antes, las playas tenían una dinámica natural con la que funcionaban por sí solas, con un sistema denominado playa-duna, un repositorio de arena que se distribuye en función de los temporales o las corrientes. Pero si construimos demasiado cerca, eso se rompe», expone. ¿Y qué comporta esto? «Las playas tienen, progresivamente, menos arena. Es como si hubiésemos eliminado la despensa de casa y ya no pudiésemos buscar allí los alimentos», añade la experta.
A esto «se añaden otros factores», como el cambio climático con «eventos meteorológicos más extremos» ante los que las playas se encuentran más expuestas. Boqué regresa al símil con la despensa: «Vienen ocho personas a comer a casa cuando habitualmente éramos cuatro». La cuenca del Mediterráneo «se calienta un 20% más que el resto del planeta» y «el reto es adaptarnos».
¿Qué pasaría si mantuviésemos las construcciones donde están? «Los paseos ya son zonas inundables: por las mareas astronómicas o atmosféricas, por los temporales, porque a veces son áreas planas, porque allí desembocan rieras... Y cuanto menos naturales son esas zonas, más difícil es que absorban el agua», concreta Boqué. La experta se refiere a las inundaciones y daños en infraestructuras. «Dependen del peligro –lluvia, grandes olas–, de la exposición y de la vulnerabilidad. Si nos retiramos de lo cerca que estamos del mar, el factor de exposición se reduce y, aunque el peligro climático todavía está, el riesgo baja», afirma.
Al margen de las intervenciones que ya toman forma, hay municipios a la espera de que se concreten otras que les atañen. Es el caso de Altafulla y la recientemente adjudicada –por 17.666 euros sufragados por el Ministerio– redacción del proyecto de renaturalización de los extremos del paseo marítimo. El documento debe estar listo en seis meses y Costas tiene intención de que haya obras ya de cara a 2027.
Por su lado, Roda de Berà urge a resolver el futuro de su frontal marítimo, pendiente del desmantelamiento de la parte central del paseo. Según el último acuerdo, las labores alcanzarían unos 700 metros lineales. La playa se cobraría entre 8 y 14 metros para crecer y la calle se convertiría en un «paseo del siglo XXI, más ligero, natural, con madera y verde», explicaba el año pasado el alcalde, Pere Virgili, que indica que sigue «a la expectativa del proyecto».
Vandellòs i L’Hospitalet de l’Infant ha encargado la redacción de un anteproyecto de recuperación ambiental y adecuación paisajística de la playa del Arenal, que se está trabajando con Costas. Abarca una «redefinición del litoral» entre la Plaça de la Marina y la calle del Pontasgo y sus espacios adyacentes, con «un vial de servicio, una franja para actividades deportivas y de ocio con función de refugio climático y la restauración del sistema dunar y la zona propiamente de playa, con unos 123.000 metros cuadrados de suelo», concreta el Ayuntamiento. Es la novedad tras una larga lista de iniciativas ya completadas que van desde la eliminación de hormigón a la colocación de balizas de anclaje ecológico.
En cuanto al Baix Penedès, la renaturalización de Les Madrigueres, una extensa zona libre de urbanización en el frente litoral de El Vendrell, prosigue y muestra avances ambientales tras la habilitación de lagunas en la parte interior del ecosistema que atraen a miles de aves.
Para Calafell, un informe sobre la actualización del plan de reordenación del aparcamiento regulado público elaborado por el Ayuntamiento contempla derribar el paseo entre la zona de la riera y poco antes de llegar al puerto de Segur para «recuperar la anchura de la playa y frenar su desaparición». Y Cunit, a su vez, reclama que se arreglen los espigones paralelos a su costa, que presentan deficiencias y no frenan la marea.