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Redactor de Cultura
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El fútbol es psicópata, no entiende de estados de forma ni de picos de rendimiento. Al Reus se le presentó un escenario idílico ante el Atlètic Lleida, un rival defenestrado en la zona de descenso directo y con la frustración en el rostro. Además, la mayoría de sus perseguidores en la puja por el play off de ascenso habían caído en una jornada absolutamente loca. Estaba el día para ponerle dulce y largarse con una distancia de seguridad golosa con respecto a los rivales directos. Pues bien, los de Carrasco se apagaron. Se les fue de las manos la siesta en el primer tiempo y, en el segundo, no concretaron nada de lo que generaron en ataque. En cambio, el Atlètic sí resultó pulcro en la única que dispuso. Nada nuevo. Fútbol.
Ese descuido inoportuno no baja del pedestal del play off al Reus, se mantiene quinto, aunque el margen de puntos se hace mínimo. La pelea hasta el segundo finales se hará larga y dura. Quedan cinco fechas.
Carrasco modifico poco el once que conquistó Andratx. Molina ingresó por Pol Fernández en el centro de la zaga, volvió el equipo a la defensa de cuatro, con Benito en el carril diestro. Recasens, en esta ocasión, ocupó el pivote defensivo en el centro del campo.
En realidad, al Reus se le anestesió demasiado el partido en el primer episodio, no escapó de la monotonía, parecía como excesivamente contemplativo para lo que había en juego. Quizás todos queríamos rock and roll demasiado rápido. El rival tampoco ayudó en demasía, el guion le venía de perlas. Se refugiaba en su trinchera y esperaba un error para correr. Con balón, el Atlètic Lleida no le cambió ni una pizca al ritmo de siesta de ese primer tramo de la tarde, soleada y con alguna ráfaga del Vent de Reus. Solo amenazó, nada más. Los ilerdenses exhibieron cierta pulcritud para manejar el balón, aunque con posesiones muy estériles, sin apenas colmillo.
El Reus se despojó la pereza con la amenaza del descanso, con el Estadi pidiéndole vértigo, con ganas juerga andaba el gentío, quería disfrute, una tarda agradable de domingo antes de la última cerveza. De hecho, su equipo no se avanzó porque careció de tino. Generó dos situaciones clarísimas para desequilibrar el marcador. Kenneth se encontró con una pelota golosa al segundo poste, tras una diablura de Ricardo Vaz en el otro costado. Curioso. Se acababan de intercambiar posiciones los dos extremos. Kenneth ejecutó de primeras y el meta visitante Marc Arnau la escupió a córner. Pocos segundos después, en el primer poste, la acompañó a gol Ustrell, muy vivo, pero el arquero visitante volvió a intervenir con puntualidad. Del Atlètic Lleida no hubo noticias ofensivas, solo algún intento desde media distancia que no halló los tres palos.
El descuido
Kenneth, ya en el desenlace volvió a acercarse al gol, tras una acción individual de play station de Alberto Benito. Sorteó rivales con un facilidad pasmosa, incluso ganó duelos y rechaces. En el área, cuando los corazones se aceleran, Alberto paraliza el mundo. Levantó la cabeza y la cedió a la aparición de Kenneth, su remate no topó con la red.
Aitor Serrano se convirtió como casi siempre en la primera rotación rojinegra, en una contra que lanzó él mismo solo contra el mundo, se originó el gol enemigo. El rechace pilló saliendo al equipo, y Sidibe, al espacio, lo aprovechó para tomar la zona del gol y cruzar el balón al poste largo. Imposible para Pacheco. Se había cumplido el minuto 70.
Marc Carrasco le cambió la fisonomía al Reus con los cambios, sobre todo en la zona de ataque, con Fran y Óscar. Incluso, la expulsión del visitante Nil Sauret cuando restaban cinco más el descuento le ofreció chance al equipo hasta el ocaso definitivo. Las tuvieron Pol Fernández Serra y Ricardo Vaz, pero el Reus anda como peleado con el Estadi, donde últimamente no encuentra el camino del éxito.
La derrota duele porque da la sensación de que fallar estaba prohibido, aunque el campeonato ofrece otra oportunidad dentro de siete días. De Semana Santa por Torrent.