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Durante toda la temporada se han achacado las derrotas del Nàstic de Tarragona a la nula capacidad defensiva del equipo en muchos partidos. Un conjunto frágil e inoperante que ha concedido goles a diestro y siniestro a los rivales. Los tarraconenses han sido un juguete roto para muchos equipos que no han necesitado ni siquiera su mejor tarde para ver portería frente a los granas.
Que la sangría defensiva haya sido tan grave, a la par que constante, ha provocado que otras facetas del juego en las que el Nàstic tampoco ha brillado hayan quedado en un segundo plano. En todo caso, su impacto en los resultados del equipo también ha sido de máxima importancia, aunque no se haya puesto tanto el foco en esos déficits. Hay uno que resalta muy por encima de los muchos aspectos del juego que los tarraconenses no están dominando, y es la nula capacidad para sacar el colmillo en muchos de los duelos de la temporada.
Es cierto que en el inicio de curso se vio a un Nàstic que exhibía pegada, porque no necesitaba generar demasiadas ocasiones para marcar gol. Esa tendencia se fue disipando con el paso de las semanas y, en los últimos partidos, se ha convertido en otro hándicap que aleja a los granas de la victoria. Este Nàstic hay partidos en los que apenas genera ocasiones y, en otros, cuando lo hace, no tiene esa efectividad que durante un tiempo fue decisiva para evitar la caída.
Un claro ejemplo son las estadísticas que ofrecen los últimos cuatro partidos. El Nàstic solo ha sido capaz de marcar en uno de ellos, y fue un solitario gol de Jaume Jardí ante el Eldense, con el partido totalmente decidido y tras un fallo tonto en la salida del rival. Significó el 4-1, así que su impacto fue puro maquillaje.
No marcan
Desde entonces, el Nàstic acumula dos partidos consecutivos sin marcar. Ambos han sido dirigidos por el tercer entrenador en lo que va de curso. Pablo Alfaro todavía no sabe lo que es celebrar un gol como técnico grana. Es cierto que en sus dos primeros partidos hay muchas diferencias entre ambas actuaciones, pero el final del camino ha sido idéntico.
Frente al Sabadell se vio a un Nàstic mucho más punzante, que logró someter al líder durante varias fases del juego y que incluso rozó el gol con dos disparos de Pau Martínez que desvió Fuoli y el palo que evitó el gol de la victoria de Cedric. Que el conjunto grana no marcase ese día no preocupaba tanto viendo el nivel de producción que hubo, pero frente al Algeciras se volvió a demostrar que a este equipo le faltan argumentos para acercarse al gol.
El conjunto grana no fue capaz de realizar ni un solo disparo a portería. El Algeciras fue un equipo que resistió mucho con muy poco, porque solo necesitó darle la pelota al Nàstic e instalarse en bloque medio y bloque bajo para no pasar apuros. El conjunto grana fue un equipo al que la pelota se le hizo bola y no fue capaz de encontrar grietas en el rival con ella bajo su control. Todo al pie, todo demasiado previsible, pocas rupturas a la espalda del rival… Un equipo plano que completó más de 90 minutos sin coleccionar ni una sola ocasión de gol y dejando claro que a la fragilidad defensiva se le ha añadido una esterilidad ofensiva que preocupa, y mucho.
Hay un dato demoledor que demuestra que al Nàstic este año los goles no se le caen de los bolsillos. Jaume Jardí es el único jugador que está siendo diferencial en dicha faceta, con 11 dianas en lo que va de curso. No es delantero y eso aumenta el valor de sus contribuciones. No se puede decir lo mismo del resto de atacantes y, sobre todo, de los tres delanteros con los que cuentan los granas en sus filas. Cedric Omoigui, Marcos Baselga y Álex Jiménez suman dos, cuatro y dos goles, respectivamente, en una temporada decepcionante en lo individual y que está repercutiendo de manera negativa en lo colectivo.
Pese a todo, el Nàstic no es de los peores equipos en cuanto a la materia ofensiva del grupo II. Rivales directos por el descenso como Sevilla Atlético, Atlético Sanluqueño, Marbella, Tarazona, Murcia o Ibiza presentan un menor número de goles a favor. Un dato que demuestra que el gol está caro, aunque eso no quita que al conjunto grana haya que exigirle más, porque tiene jugadores en ataque para ello.
Pablo Alfaro ya ha detectado en dos partidos cuáles son los grandes males que arrastra el Nàstic de Tarragona en estos momentos. Esos que le han llevado a los puestos de descenso con solo nueve jornadas por delante. Esos que hay que corregir cuanto antes para que la permanencia no sea una misión imposible.
El Nàstic se ha quedado sin pólvora y con demasiadas grietas. Dispara poco, encaja demasiado y vive en un equilibrio tan inestable como peligroso. En un fútbol que se decide en las áreas, los granas caminan sin escudo y sin bala. Y así, el margen de error ya no existe.