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Con el auge del cuidado facial, gran parte de la población ha empezado a tomar conciencia sobre la experimentación animal en los cosméticos. Pero, ¿qué ocurre con los productos de limpieza?
Desde 2013, la Unión Europea prohíbe el uso de animales en pruebas cosméticas. Sin embargo, esta protección no se extiende de la misma forma a productos cotidianos como detergentes o limpiadores del hogar. En estos casos, aún se realizan ensayos en los que animales son obligados a ingerir o inhalar sustancias químicas para evaluar sus efectos, y en muchos casos son sacrificados tras el experimento.
Tal y como informa la web Animanaturalis, algunos de estos experimentos para garantizar la seguridad del consumidor consisten en:
Meter a presión espuma de afeitar en el estómago de los animalesHacer inhalar laca para el pelo hasta provocar el comaObligar a ingerir champú e introducirlo en los ojos en estado concentradoForzar a ingerir dentífrico a conejos, ratas y cobayasIntroducir máscara de pestañas y sombra de ojos en los ojos de los conejos hasta provocarles ceguera totalExtender maquillaje sobre la piel afeitada de animales sensiblesIntroducir solución de lentes de contacto en los ojos de conejos, que presentan mayor hipersensibilidad que el ojo humano
En este contexto, Bruselas se prepara ahora para dar un giro decisivo. La Unión Europea ha aprobado el Reglamento (UE) 2026/405, una normativa que establece una prohibición general para introducir en el mercado de la Unión Europea detergentes o tensioactivos cuya formulación final, ingredientes o combinaciones hayan sido objeto de ensayos con animales.
La legislación establece que no podrán comercializarse en el mercado comunitario detergentes o tensioactivos cuya formulación final, ingredientes o combinaciones hayan sido objeto de ensayos con animales. Como medida transitoria, se ha fijado el 22 de marzo de 2026 como fecha límite: los productos basados en datos previos podrán seguir vendiéndose, pero no se aceptarán nuevos ensayos.
Crueldad bajo el fregadero
Durante años, la experimentación animal se ha asociado casi exclusivamente al ámbito médico o farmacéutico. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que también está presente en algo tan cotidiano como un limpiador multiusos.
Una investigación de la organización Animal Testing reveló que la industria de la limpieza doméstica en Europa sigue recurriendo a pruebas en animales, muchas veces innecesarias. El estudio, desarrollado durante más de un año, analizó documentos regulatorios, fichas de seguridad y testimonios internos del sector.
Entre los hallazgos más preocupantes destacan ensayos realizados en ratas, ratones y conejos entre 2017 y 2021. En algunos casos, no se trataba solo de ingredientes aislados, sino de productos finales listos para su venta.
Las pruebas descritas incluyen procedimientos altamente invasivos, como el test de Draize —en el que se aplican sustancias en los ojos de conejos—, ensayos de toxicidad oral aguda (DL50) o pruebas de inhalación forzada. Muchos de estos experimentos provocan dolor intenso, daños irreversibles e incluso la muerte de los animales.
Además, el informe señala que algunos de estos ensayos no responden a exigencias estrictamente legales, sino a intereses comerciales, como modificar fragancias o mejorar la clasificación del producto en su etiqueta.
La investigación también apunta a grandes multinacionales como Unilever (Dove, Rexona, Axe, Hellmann's...), Procter & Gamble (Ariel, Gillette, , Pantene, Oral-B, Fairy...) o Henkel (Schwarzkopf, Somat, Loctite, Micolor...), entre otras. Aunque muchas de ellas aseguran estar comprometidas con el bienestar animal, el informe señala una práctica habitual: externalizar las pruebas a laboratorios independientes.
Este sistema permite a las compañías mantener una imagen pública “cruelty free”, mientras delegan los ensayos más controvertidos en terceros. Así, la experimentación no desaparece, sino que se oculta en una cadena de subcontratación difícil de rastrear.