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En el corazón del barrio de Sant Andreu (Barcelona), la Parroquia de Sant Pacià sigue custodiando uno de los secretos mejor guardados del modernismo: un espectacular mosaico diseñado por un joven Antoni Gaudí que, a pesar de su valor histórico, permanece fuera de las rutas turísticas convencionales, como el caso de la Casa Batlló y el Park Güell.
Realizado entre 1879 y 1881, cuando el arquitecto tenía solo 28 años y acababa de titularse, este pavimento es una de sus obras más tempranas. A diferencia del famoso trencadís de sus etapas posteriores,
Concretamente, este mosaico se destaca por su estilo neoclásico, abundan las composiciones geométricas y cenefas de gran precisión técnica. Además, al tratarse de una estructura que inicialmente fue la capilla de una escuela, hay una fuerte presencia religiosa, el pasillo central culmina con las iniciales J, M y J (Jesús, María y José) y las letras griegas Alfa y Omega, representando el principio y el fin según el Apocalipsis, ubicadas cerca de la zona del altar.
Por otra parte, se trata de una de las pocas piezas originales que sobrevivió a los incendios de la Semana Trágica de 1909 y a la Guerra Civil. En la actualidad, en el marco de la reciente clausura del congreso internacional «Gaudí: arte, belleza, misterio» -organizado por el Ateneu Universitari Sant Pacià, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí-, su figura ha vuelto a situarse en el centro del debate cultural.
Expertos han destacado la importancia de este templo neogótico, diseñado por Joan Torras i Guardiola,-maestro de Gaudí-. Fue el escenario donde Gaudí comenzó a experimentar con la simbología que más tarde alcanzaría su cénit en la Sagrada Familia.
Aunque el acceso al recinto es libre durante el horario de culto, el mosaico de Sant Pacià sigue siendo apodado el "Gaudí que se puede pisotear", ya que los fieles caminan diariamente sobre una joya que muchos visitantes de la ciudad desconocen por completo.
No fue hasta la década de los 80 cuando el ceramista Lluís Bru llevó a cabo la restauración que definió la apariencia completa del templo, la cual permanece intacta desde entonces.