Categoría
Cultura
Título
De ruta por la Mussara; 'Ecos del pasado'
Subtítulo
Mucho se ha escrito sobre La Mussara como un lugar envuelto en misterio, pero pocas veces se atiende a lo que realmente nos susurra entre sus ruinas: la historia
Autores
Santi García
Comunicador

Imagen Principal
El Xalet de Les Airasses, el primer refugio.
El Xalet de Les Airasses, el primer refugio.
Artículo

Mucho se ha escrito sobre La Mussara como un lugar envuelto en misterio, pero pocas veces se atiende a lo que realmente nos susurra entre sus ruinas: la historia. No son voces del más allá, sino huellas muy concretas que, con un poco de esfuerzo, sabremos interpretar. Detrás de cada masía en ruinas, detrás de cada margen desdibujado por el tiempo, hay historias de esfuerzo, moradores con nombre y apellido y familias que emigraron con la esperanza de abrazar la modernidad. El peón caminero que velaba por la carretera, los vecinos que caminaban hasta el llano a comerciar con el hielo o el refugio modernista que fue escenario de la guerra, son episodios reales que nos conectan con un pasado opacado por el misterio. Porque, más allá de los mitos, La Mussara es una lección viva de historia. Esta semana, exploramos algunos de sus rincones menos conocidos para descubrir lo que aún nos quiere contar el despoblado.

La primera carretera

A escasos minutos del núcleo de población de La Mussara, oculto por la vegetación, como tantos otros edificios, está en mas del Pou de gel, que recibe su nombre del pozo de hielo aledaño. Uno de sus últimos moradores fue Pep del Pou, quien trabajó como peón caminero de la carretera que una La Mussara con Vilaplana, esto es, la T-704. La responsabilidad de Josep Robert era mantener la calzada en buen estado de conservación. Como apunta Ramón Amigó en La Mussara, un vell afecte, era de «terra, còdols i pols, i la missió principal del Pep era tapar els clots que s’hi feien». Las obras de esta vía empezaron en 1913, al menos según Anton Agustench, uno de los últimos habitantes del pueblo, y debieron concluir antes de 1929, pues la Guía de las Muntanyes de Prades, Montsant i Serra la Llena de Josep Iglésies i Joaquim Santasusagna, publicada el mismo año, se refiere a ella. No la utilizaban los coches de particulares que querían disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza, sino «carros, sobretot els que baixaven feixos de rama de pi cap als forns de pa o d’obra a la plana, o cap als forns de guixo de calç».

El tráfico del hielo

Por extraño que pudiera parecernos, sobre todo la luz de las temperaturas que se registran durante el verano tarraconense, la venta de hielo fue una de las tantas fuentes de ingresos de los mussarencs. Los vecinos aprovechaban las nevadas, hoy una rara avis, para llenar el pozo de nieve y hielo. Con la llegada del verano cargaban el hielo en animales y, haciendo uso del Camí de Les Tosques, el camí de bast por excelencia, bajaban a venderlo a la planicie del Camp de Tarragona aprovechando las temperaturas nocturnas.

El hielo, eso sí, podía deshacerse, pudriendo las alforjas que vestían los animales de carga. He aquí uno de los tantos recuerdos que Anton Agustench Bonet puso por escrito en Records de La Mussara.

El refugio gaudiniano

Quien visite La Mussara probablemente desconozca que el refugio de Les Airasses, el primer alberge excursionista y aquel que se alza sobre el mirador al borde del acantilado, fue diseñado por un estrechísimo colaborador de Gaudí, tanto como para acompañarlo en su lecho de muerte y sustituirlo al frente de la Sagrada Familia. Es obra del arquitecto reusense Domènech Sugranyes y responde a la visión de Ciriac Bonet, el mismo empresario que impulsó tanto este como el de Siurana a condición de que se mantuviera su anonimato -algo que acabó trascendiendo-. Es tan ignorada su autoría como el hecho de que un destacamento republicano lo utilizara para abrir fuego contra los primeros soldados franquistas que aparecieron en la sierra. No obstante, como recogió Albert Manent en el libro La guerra civil i la repressió del 1939 a 62 pobles del Camp de Tarragona, «el contraatac dels altres va acabar eliminant els petits focus de resistencia republicana».

Un proyecto fallido

Eloi Robusté Rosés, hijo de Eloi Robusté y María Roses, esta natural del pueblo y nacida en el mas del Coll, compró el pueblo de La Mussara y sus bosques, sucediendo así a la visión de Juan Dalmau i Domingo, quien pretendía reconstruirlo y convertirlo en una residencia veraniega. Por suerte o por desgracia, el proyecto fracasó y el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) expropió la propiedad a Robusté cuando, según subraya Tate Cabré, estaba muy afectado por el Alzheimer. Como prueba de su ambición queda el edificio de moderna construcción que se conserva a un lado de la TV-704, en la recta que se extiende desde La Mussara a La Febró. No obstante, este no sería el último proyecto de rehabilitación.

El pozo de nieve del mas del Pou de gel.
El pozo de nieve del mas del Pou de gel.