Categoría
Antetítulo
Título
Autores
Emprendedor
Artículo
Durante años, el lema Make America Great Again prometió restaurar la primacía estadounidense. Hoy, paradójicamente, sus efectos más visibles se observan al otro lado del Atlántico. MAGA no se está haciendo realidad y además las políticas al otro lado del Atlántico están contribuyendo a MEGA: Make Europe Great Again. No por convicción, sino por reacción.
La política exterior de confrontación impulsada por Donald Trump ha funcionado como un catalizador involuntario. Las presiones comerciales, los gestos de desprecio hacia aliados históricos y la lógica del «America First» han empujado a quienes antes dependían de Washington a buscar nuevas anclas. El resultado no es el aislamiento de los demás, sino su reagrupamiento.
Canadá es un caso revelador. Ante aranceles, amenazas y una relación bilateral imprevisible, Ottawa ha intensificado su aproximación a la Unión Europea. Comercio, estándares y cooperación estratégica avanzan donde antes había rutina. En Asia, economías que durante décadas calibraron cada movimiento en función de Washington están tejiendo vínculos más densos con Europa: acuerdos comerciales, cadenas de suministro diversificadas y una diplomacia más equilibrada. No se trata de antiamericanismo; es gestión de riesgo.
La seguridad es el terreno donde el giro es más evidente. La OTAN atraviesa tensiones reales cuando el principal garante cuestiona su valor. Pero lejos de paralizarse, Europa está reaccionando.
La ayuda sostenida a Ucrania, la coordinación industrial y el aumento del gasto en defensa muestran una determinación que no se veía en décadas. Incluso las compras de armamento se están redirigiendo, en la medida de lo posible, hacia proveedores europeos. La autonomía estratégica deja de ser una consigna y empieza a ser políticas públicas concretas.
Este reequilibrio tiene costes y contradicciones. Europa sigue necesitando a Estados Unidos, eso nadie lo discute. Pero la dependencia sin crítica ya ha quedado atrás. La incertidumbre generada desde Washington ha forzado decisiones que se habían ido aplazando: integración, inversión, coordinación. El matonismo y la prepotencia estadounidense han hecho lo que muchos discursos no lograron.
Hay ironía en todo esto. Trump puede pretende tener éxito: ha movido placas tectónicas. Solo que no en la dirección proclamada. Al presionar a sus aliados de siempre, los ha impulsado a fortalecerse entre sí. Al no respetar compromisos adquiridos, ha hecho posible alternativas. Al reducir el multilateralismo a relaciones meramente transaccionales, ha devuelto el valor a las alianzas.
MAGA, sin quererlo, está haciendo que Europa sea más cohesionada, más consciente de sí misma y más capaz de actuar. MEGA no nace de la complacencia, sino de la necesidad. Y, a veces, la necesidad es la mejor artífice de la grandeza.
Y quizá ahí esté la paradoja final. Trump nos está haciendo un gran favor: nos ha despertado. Europa llevaba años cómoda, protegida, delegando su voz estratégica. Como potencia económica, la Unión Europea ya es comparable a Estados Unidos desde hace tiempo; lo que faltaba era conciencia y voluntad política. Hoy empezamos a verlas.
Forzados por la presión externa, estamos dejando de ser solo un gran mercado para convertirnos en un actor global independiente, con intereses propios y capacidad de defenderlos. Por todo ello, aunque no fuera su intención, cabe decirlo con ironía y sin complejos: gracias, señor Trump, por MEGA: por haber contribuido a que Europa vuelva a creérselo.
Cita
Cómo el trumpismo está haciendo a Europa más
grande y mejor