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Diari de Tarragona
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El modelo de financiación presentado la semana pasada tiene pocas posibilidades de prosperar si no se llega a un consenso entre las fuerzas políticas. Hay que viajar en el tiempo para recordar cuándo fue la última vez que un ministro del Gobierno de España hacía una propuesta para mejorar la financiación y por tanto la economía de los catalanes: la última vez que una ministra del gobierno español hizo un ejercicio similar fue Elena Salado el 12 de julio de 2009. Así pues, han pasado más de 15 años. Entremedio ha pasado el Procés y una pandemia y el mundo ha cambiado radicalmente. La propuesta del 2009 debía revisarse al cabo de 5 años, pero el gobierno de Mariano Rajoy en 2013 no hizo ningún esfuerzo y a partir de ese momento no se ha movido ficha. Mientras el inmovilismo ganaba en Madrid, llegaban a Catalunya más de dos millones de personas en busca de trabajo y de vida. Es evidente que lo que podía servir en 2009, no sirve en 2026. De las negociaciones con María Jesús Montero hay que destacar que Catalunya no será la comunidad autónoma más beneficiada. No es un modelo singular, sino que se afecta a todas las CCAA. Los más beneficiados serán la Comunidad Valenciana o Murcia, que parten de peor posición (curiosamente PP y VOX se oponen al acuerdo mientras gobiernan estas comunidades). Una de las grandes novedades es el principio de ordinalidad que es una regla básica de justicia en cualquier sistema de financiación descentralizado. Solidaridad, sí, pero sin que te emprobrezca, sin que la solidaridad sea para algunos un castigo por hacer las cosas bien. La propuesta no cuestiona la solidaridad interterritorial, sino que establece un límite razonable. El principio de ordinalidad funciona en países como Alemania, por ejemplo, donde nadie lo cuestiona, ni siquiera después de la unificación con las desigualdades palpables que se generaron. Es cierto que el debate político no pasa por su mejor momento y que nadie va a querer ceder, pero será una oportunidad que dejaremos pasar en aras de algunos principios poco realistas. Si al menos tuviéramos alternativa... pero solo el consenso nos puede permitir avanzar.