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El primer once de Pablo Alfaro en su debut como técnico del Nàstic de Tarragona frente al Sabadell envolvía mucho misterio. Nadie conocía, ni siquiera los jugadores, quién iba a jugar de inicio frente al líder solo horas antes del comienzo del partido. El técnico aragonés había prometido por activa y por pasiva que no iba a revolucionar nada. Él prefería incorporar matices y mantener algunas cosas positivas que había visto del equipo con Cristóbal Parralo al frente.
A veces las ruedas de prensa son territorio para jugar al despiste, pero Alfaro no fue de farol. Prometió pocos cambios y así fue. No obstante, esos pequeños retoques sí que sirvieron para generar impacto en su Nàstic y, sobre todo, para darle su sello desde el primer día. No era fácil cambiar al equipo con solo cuatro entrenamientos y lo hizo. Fue una cuestión más anímica que táctica, pero vale igual.
Dos cambios de posición y una cara nueva
Dentro de los cambios que existieron en el once frente al Sabadell destacaron tres. Dos fueron por ubicación; el otro, por irrupción inesperada. Mángel Prendes abandonó la sala de máquinas para instalarse en el centro de la zaga y rememorar tiempos pasados. El de Candás ya jugó en esa posición en el Arenteiro y demostró estar preparado para su nuevo sitio. Allí el fútbol es totalmente diferente porque la protección desaparece y las pérdidas son letales. Lo comprobó el asturiano tras perder un balón en salida que terminó en un disparo de Godoy que puso el corazón en un vilo de todo el Nou Estadi. Aquel pequeño susto fue una lección que Prendes aprendió rápido, porque su partido, más allá de ese incidente, fue muy sobrio. Sin pelota mostró agresividad para ganar duelos y, con ella, demostró tener ese poso al ser un mediocentro posicional en su máxima esencia.
Jaume Jardí fue el otro jugador al que se le cambió de zona. En su caso, Alfaro le devolvió al ecosistema en el que mejor nivel había ofrecido durante la etapa de Luis César en el banquillo. El reusense actuó en el enganche, dejando atrás esa banda izquierda en la que le había encorsetado Cristóbal Parralo. Escorado, Jardí sumó cifras, pero se desconectó del juego y Alfaro no titubeó a la hora de volver a enchufarlo.
Frente al Sabadell se vio a un ‘10’ mucho más incisivo en el juego, que gozó de libertad en el frente ofensivo y que añadió piernas y corazón a una presión del equipo que desconectó al Sabadell desde la salida, sin respiro.
Por último, Pau Martínez fue la gran sorpresa del once. El extremo de Blanes no era titular con el Nàstic de Tarragona desde la jornada 20, en la derrota frente al Atlético Sanluqueño. Comenzó siendo un hombre de la confianza de Parralo, pero perdió el sitio y en las últimas semanas ni siquiera aparecía desde el banquillo. Nadie contaba con él, pero Alfaro decidió meterle.
A diferencia de Parralo, Martínez actuó en la banda izquierda, es decir, jugó a pierna cambiada. El extremo diestro demostró que en esa zona del campo presenta otras virtudes que pueden beneficiar al colectivo. Nadie duda de que su mayor tesoro es su golpeo de balón y, tirando para dentro, resulta mucho más sencillo armar la pierna. De hecho, lo hizo en dos ocasiones en las que estuvo muy cerca de marcar ese tanto que acabó anhelando el Nàstic. Además, sus incursiones por dentro liberaron el carril a un Ander Zoilo que voló tras su espalda desde el lateral.
Pablo Alfaro tocó tres teclas y le dio al Nàstic un nivel de juego desconocido en los últimos meses. Tres retoques bastaron para devolverle al Nàstic algo que había perdido: la fe.