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Eider Rodríguez (Rentería, 1978) regresa al cuento después de la novela autobiográfica Material de construcción. Era todo el mismo hueco (Random House), Tot era el mateix forat (Edicions del Periscopi) reúne seis cuentos en los que la narradora hurga en los recovecos del ser humano a partir de historias concretas y personajes complejos.
-¿Cómo ha sido volver al cuento después de la novela? Te pregunto por el cambio de género, pero también porque la novela era sobre tu padre…
Tratar con material autobiográfico es muy bello, pero te obliga a trabajar con sumo cuidado y con cierto temor, ya que es un material altamente inflamable. Así que he vuelto al relato y a la ficción con hambre y llena de energía, con ganas de practicar la libertad, de escribir sin las restricciones y la congoja que impone lo autobiográfico.
Título: Era todo el mismo hueco Autora: Eider Rodríguez Editorial: Random House
-¿Cómo compones los libros de cuentos, buscas que haya un hilo que los una? En caso de que sea así, ¿cuál es en Era todo el mismo hueco?
Escribo para intentar entender el misterio de estar viva, rodeada de otros seres vivos de los que dependo y que modulan mi voluntad, sometida a discursos que me atraviesan y que no me dejan ver que hay detrás de ese ruido. Durante la escritura de un cuento suelo conseguir desembarazarme de esa maraña y de ese ruido, pero sobre todo, suelo conseguir sentirme viva. Así que lo que une los relatos es mi necesidad de sentir que existo; la época y los ruidos de esa época en la que han sido escritos son los hilos naturales que unen los relatos.
-La palabra “hueco” puede llevar a pensar en la ausencia, no como algo que se tenía y luego no –que en ocasiones también–, sino más bien en una carencia previa, como si los personajes trataran de averiguar qué les falta.
También hueco como un agujerito por el que mirarnos, ¿no? El ritmo diario impide que miremos por él, pero en cuanto nos detenemos, sea porque nos hemos roto un tobillo en mitad del paraíso, porque la ansiedad y el amargor nos obliga a parar y un médico holístico nos invita a reconectar con nuestro cuerpo, o porque tras haber perdido un trabajo nos da por cavar un agujero… El mero hecho de cambiar de ritmo hace que la vida se vea y se sienta diferente. Casi todos los personajes de estos relatos han sido retratados ahí: en un cambio de ritmo brusco, en un frenazo.
-Otra cosa que comparten todos los cuentos del volumen es eso que decía Piglia de que “todo cuento narra dos historias a la vez”. En ‘Lecciones de buceo’, por ejemplo, es tan evidente como fructífera esa combinación…
Cuando escribo siento que voy trenzando. Es una sensación bastante física: llevamos cientos de historias encima. Cuando me pongo a escribir, el argumento, por llamarlo de alguna manera, es la historia más visible y la que lleva el peso del relato. Pero a veces no es más que un dispositivo para que otras historias de apariencia más chiquita puedan ser contadas. Son esas historias residuales las que más me interesan y en las que a menudo se encuentra el corazón del relato.
-En este libro llama la atención la importancia del espacio, tanto de las casas, casi extensiones de los personajes, como el propio paisaje. ¿Es importante para ti o se dio sin más?
Hay gente que escribe a través de frases, otra gente a través de sensaciones, yo lo hago a través de imágenes. Mi manera de armar el relato pasa por “verlo” primero. Es muy importante para mí que mis personajes tengan los pies sobre un suelo y vean cosas por la ventana. Así, voy describiendo la historia que voy creando en mi cabeza, por eso quizá tengan tanta importancia los espacios. El paisaje es importante no solo por el contexto que da, sino también porque funciona como un adjetivo gigante y a la vez transparente del relato. Un mismo diálogo no suena igual en un lugar en el que hace mucho frío o en un lugar en el que hace mucho calor, en un lugar lleno de plantas o en otro con luz blanca.
-Las casas son también muestra del estatus, y ahí a veces se da un choque de clase. Se ve en “Mares y ruinas” y en “Corazón de pato”.
Sí, se dice “casa” y parece que se dijera algo, pero ¿qué significa realmente? ¿Es solo un tejado con cuatro paredes? Hoy lo es menos que nunca. No lo he tratado explícita ni directamente pero el problema habitacional sobrevuela estos relatos. Que haya gente que no pueda vivir en sus lugares de origen a causa de la especulación y del turismo cuenta muchas cosas acerca de nuestros tiempos y del momento ridículo en el que se halla nuestra especie. Y que eso esté permitido… Que eso sea legal y pasear al perro sin correa sea ilegal… Me interesa retratar esa locura.
-Varios cuentos abordan el asunto de la amistad femenina. ¿Qué te interesa de las relaciones de amistad?
Las amigas me dan mucho. Tengo amigas íntimas a las que conozco desde los tres años y con las que sigo confesándome y ellas conmigo, como lo hacíamos en el patio de la escuela. Las he visto caer y volver a levantarse y otra vez caer. Las he visto crecer, enfermar, envejecer. Con ellas puedo mostrarme tal y como soy y ellas pueden hacer lo mismo conmigo. Siento que tener acceso a esa desnudez me permite conocer mejor al ser humano, estoy muy agradecida por ello, me siento muy afortunada. Seguramente es gracias a ellas que puedo entregarme también a otra gente, gracias a que conozco a fondo a ciertas personas durante tantísimos años que puedo aventurarme también en otro tipo de relaciones. Escribir es también la prolongación de querer conocer más a fondo al ser humano, de buscar esa desnudez.
-El libro tiene algo inevitablemente triste en tanto que muchos cuentos son el deterioro de una relación conyugal o el retrato de una situación de preasfixia, digamos, son tristes porque la vida a veces es un poco triste, pero hay en todos un destello…
Fíjate que estoy haciendo unas lecturas en voz alta del relato “El agujero” acompañada de Anari y sus canciones, y hay gente que me dice que al escuchar el cuento leído por mí les parece otro, diferente al que leyeron a solas, que no es ni duro ni triste, que incluso tiene cierto humor… Me llama la atención, porque en la mayoría de los casos, yo no siento que esté escribiendo acerca de la tristeza, aunque mucha gente percibe lo mismo que tú, que escribo sobre los aspectos un poco tristes de la vida. Yo siento que me ocupo más de las sombras que de la tristeza, aunque la tristeza también me interesa, es la más elegante de todas las emociones.
