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Fue un triunfo absolutamente vital del Nàstic de Tarragona ante el Juventud Torremolinos en uno de esos partidos en los que importa mucho más el qué que el cómo. El conjunto grana necesitaba ganar sí o sí para romper la mala racha, salir de los puestos de descenso y arrastrar a la lucha por la permanencia a un conjunto malagueño que llegaba en racha al Nou Estadi con la intención de dar el zarpazo definitivo. Lo evitó el equipo de Pablo Alfaro porque volvió a ofrecer una actuación revitalizante en casa, dejando atrás el drama de Algeciras. El equipo está vivo, aunque no hay nada hecho. La permanencia todavía plantea un largo camino de muchas curvas y sobresaltos en las ocho jornadas restantes que hay por delante.
Pablo Alfaro asumía en rueda de prensa que su primer triunfo como técnico grana sabía a “gloria”. Era la definición perfecta de una victoria tan necesaria para unos granas a los que el miedo a no ganar les rondó la cabeza durante unos cuantos minutos. Sobre todo lo hizo tras un final de la primera mitad en el que se vieron sin botín tras completar una salida impetuosa en la que amenazaron al Torremolinos, pero no facturaron.
La segunda parte evidenció que al equipo le comenzaba a pesar más la mente que las piernas. El Torremolinos consumía los minutos y Pablo Alfaro decidió intervenir desde el banquillo. El doctor sacó el bisturí y metió a Álex Jiménez y Cedric Omoigui en busca de mayor mordiente. Su movimiento resultó impecable porque apenas unos minutos después, el primero marcaba el primer gol con un buen cabezazo.
En el escenario de la ventaja, el Nàstic supo resistir la escasa amenaza que planteó un Torremolinos al que el cambio de guion del partido dejó sin respuestas. Ahora el tiempo corría lento para unos granas que hallaron la calma con otro cambio de Pablo Alfaro. Juanda Fuentes clavó una falta al ángulo que enloqueció a todo un Nou Estadi, que celebró aquel gol con la misma euforia que alivio.
Porterí a cero
El Nàstic volvió a ganar, dejó la portería a cero y recuperó pólvora al meter dos goles tras sumar solo una diana en cuatro partidos.
No obstante, lo más importante es que el equipo fue duro mentalmente, recuperó soldados para la causa como Sergio Camus y ‘Kiki’ Abdallah, y Pablo Alfaro comienza a darle ese sello competitivo al equipo para el que fue fichado. Cuatro de nueve puntos, solo un gol en contra y dos a favor. Números mejorables, pero ascendentes y, sobre todo, esperanzadores.