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Editorial
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La guerra de Trump nos sale demasiado cara
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Diari de Tarragona
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La factura ya está sobre la mesa. El Gobierno español propondrá al Congreso que apruebe 5.000 millones de euros para paliar los efectos de una guerra que no es nuestra, pero que pagamos como propia. El Fondo Monetario Internacional ya ha rebajado el crecimiento de la economía española al 2,1% en 2026 y al 1,8% en 2027. Esto supone unas rebajas de dos décimas y una décima, respectivamente, en comparación a su pronóstico del pasado enero y se produce en un contexto de incertidumbre por la guerra en Oriente Próximo y el efecto de encarecimiento del petróleo. Una guerra impulsada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, que, a día de hoy, sigue sin un rumbo claro, sin objetivos definidos y sin una salida visible. Lo más preocupante no es solo el coste económico inmediato, sino la ausencia de una estrategia reconocible. ¿Qué se persigue exactamente? ¿Cuál es el objetivo final? ¿Qué condiciones marcarían una eventual victoria? Son preguntas básicas en cualquier conflicto y, sin embargo, siguen sin respuesta o, peor, con respuestas contradictorias y confusas. La sensación de improvisación es constante, como si la escalada bélica obedeciera más a impulsos viscerales que a una hoja de ruta definida, a un plan concreto. La impresión es que nadie ganará esta guerra o, lo que es lo mismo, que la perderemos todos. A estas alturas, todo apunta a que ni Estados Unidos ni Israel lograrán el cambio de régimen en Irán y la hegemonía regional. Irán difícilmente dará un paso atrás mientras continúe bajo ataque. El régimen está profundamente debilitado —al menos nueve altos cargos, entre ellos el líder supremo y su principal colaborador, han sido muertos—, pero mantiene su capacidad de resistencia. Irán recurre a la herramienta más eficaz de que dispone: internacionalizar el conflicto. Ha cerrado el estrecho de Ormuz y ataca las infraestructuras energéticas de los países del Golfo, estrategia que coloca a las petromonarquías árabes en una posición extremadamente delicada. Por un lado, sufren directamente el impacto económico de estas acciones; por otro, tratan de evitar verse arrastradas a una guerra abierta. Teherán lo tiene claro: trasladar las consecuencias del conflicto al bolsillo de los ciudadanos de todo el mundo. Los ayatolás luchan por su propia supervivencia y saben bien dónde y cómo golpear. Europa y todos los actores que están contra esta guerra insensata deben actuar con mayor contundencia para detener las hostilidades antes de que sea demasiado tarde. Donald Trump ya no impresiona a casi nadie.