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Diari de Tarragona
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La iglesia de Sant Antoni de Pàdua de Tarragona acogió el pasado viernes 20 de marzo la representación de la Passió Tarraco, una propuesta teatral intensa y recogida que reunió a unas noventa personas en el marco de la programación de Semana Santa.
La obra, interpretada por el grupo Pobles del Món, y dirigida por Mossèn Carlos Palos, ofreció una mirada profunda y humana sobre los últimos momentos de Jesucristo, dando voz no solo a figuras centrales como Jesús, sino también a personajes complejos como Judas, Pedro o Pilato, así como a otros cargados de simbolismo como Lucifer.
Junto a ellos, figuras llenas de humanidad como Verónica, Simón de Cirene o la Virgen María acompañaron al espectador en un recorrido emocional que transitó desde la confusión y el dolor hasta la esperanza y la redención.
La representación, de carácter austero pero profundamente expresivo, favoreció un ambiente de silencio, reflexión y oración entre el público. La obra combinó textos clásicos de Calderón de la Barca, influencias del teatro italiano y elementos contemporáneos inspirados en Jesus Christ Superstar, logrando un lenguaje escénico evocador que conectó tradición y modernidad.
Una historia llena de dilemas y conflictos
En declaraciones al Diari, el director explicó que el objetivo de la obra es acercarse al dolor y al misterio de la Pasión "profundizando en los dramas humanos de personajes como Judas, Pilato o Caifás, víctimas de sus miedos”, al tiempo que se resalta “la grandeza del amor de Jesús y de quienes permanecen fieles”.
El carácter multicultural del grupo también marcó la puesta en escena. Según Palos, la compañía está formada mayoritariamente por personas recientemente establecidas en Catalunya, lo que da sentido a su nombre, Pobles del Món: “Algunos participan por amor al teatro, otros por compromiso catequético y otros por amistad”.
Uno de los elementos más llamativos fue la presencia de Lucifer como figura escénica. Inspirado en el teatro clásico, especialmente en Calderón, este personaje se presenta como símbolo de la tentación y del conflicto entre el bien y el mal, permitiendo explorar cuestiones como el libre albedrío y la incapacidad de comprender el amor.
Más allá de la representación religiosa, la obra buscó interpelar al espectador en clave personal. “No queremos que se vea como una historia de buenos y malos, sino como un reflejo de los dilemas que todos vivimos”, señaló Mossèn Palos, subrayando que la Pasión invita a “no dejarnos arrastrar por el miedo y a elegir el bien”.