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Oriente Medio entra en su tercera semana de conflicto sin señales de desescalada, con una escalada de ataques entre Israel e Irán y con el foco internacional puesto en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial.
Durante la madrugada del sábado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron nuevas ofensivas en Beirut y Teherán. En la capital libanesa, los ataques se concentraron en siete barrios de los suburbios del sur vinculados al grupo chií Hizbulá, después de que el Ejército israelí advirtiera previamente a la población de que evacuara la zona.
Horas más tarde, Israel volvió a golpear objetivos del régimen iraní en Teherán, donde se registraron explosiones en distintos puntos de la ciudad, así como en Isfahán. Desde el inicio de las hostilidades, los bombardeos israelíes sobre Irán han causado más de un millar de muertos, una cifra que organizaciones opositoras elevan a varios miles en el conjunto del conflicto.
Por su parte, Irán respondió con nuevos ataques contra intereses estadounidenses e israelíes. La Guardia Revolucionaria aseguró haber bombardeado cinco bases militares de Estados Unidos en la región —ubicadas en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Baréin—, además de lanzar ofensivas contra ciudades israelíes como Tel Aviv y Haifa. Varios países del Golfo han afirmado haber interceptado drones y misiles en los últimos días.
En paralelo, el conflicto ha empezado a tener un impacto directo en los mercados energéticos. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó temporalmente la compraventa de petróleo iraní que permanece almacenado en buques, con el objetivo de contener el alza de los precios. Washington calcula que esta medida podría inyectar unos 140 millones de barriles al mercado, aunque Teherán niega disponer de excedentes suficientes.
La situación del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte esencial del petróleo mundial, añade incertidumbre. El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que su país solo intervendrá para garantizar la seguridad marítima si así lo solicitan sus aliados, y calificó esa eventual operación como “sencilla”.
Desde Irán, el ministro de Exteriores, Abbas Aragchí, afirmó que Teherán no ha cerrado el paso por Ormuz, aunque sí ha impuesto restricciones a buques de países implicados en los ataques. Además, se mostró dispuesto a facilitar el tránsito a países como Japón, altamente dependientes del crudo de la región.
El conflicto, lejos de remitir, mantiene así una doble dimensión: la militar, con ataques cada vez más amplios, y la económica, con el petróleo y la seguridad de las rutas marítimas como elementos clave.