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Redactor de Cultura
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El Calafell viajó a lomos de la épica para acceder a la primera final de Copa de su historia. Lo hizo agarrado a un coloso Martí Serra, el meta milagro que lideró la propuesta verdiblanca, ante un Barça absolutamente inoperante en la bola parada, en definitiva el registro del juego que decidió la semifinal.
Durante los 60 minutos de juego, 50 de partido más 10 de prórroga, Serra atajó cuatro bolas paradas. En la tanda de penaltis se agrandó todavía más, ya que paró los cinco. Eso sí, con un matiz que refleja ese golpe de suerte que todos los equipos necesitan para superar al Barcelona. Tres de esos penaltis tocaron el poste.
El Calafell sustentó su efectividad goleadora en el acierto de sus especialistas. Los tres goles en tiempo efectivo los anotaron Aleix Marimón y Sergi Folguera (2), uno de penalti y dos de falta directa. El hockey moderno, muchísimas veces, premia la capacidad para definir en la pelota parada y los del Baix Penedès lo demostraron una vez más y, en esta ocasión, en una cita señalada.
Advertía Guillem Cabestany a sus chicos en un tiempo muerto a los 10 minutos. “El tema está aquí, chicos”. El aquí era su propia pista. La clave: aumentar el nivel defensivo. En ese arranque de semifinal, el Barça le había generado inquietud con dos remates de Marc Grau y un penalti que no culminó Barroso. En todo caso, el partido no escapó de la monotonía, no separó ni una pizca de la tónica de los cuartos de final. Cero riesgo, excesiva táctica. Ataques cercanos a los 40 segundos más que a los 20. A veces resulta desesperante para el espectáculo.
Solo cuando alguien se salió del orden establecido, compareció el desequilibrio. Sergi Llorca, un terremoto físico, se aprovechó de un bloqueo para volar dirección a la portería de Martí Serra, el arquero del Calafell. El azulgrana, a pesar del vértigo, decidió bien. Superó a Serra con un arrastre al ángulo y ofreció botín al Barcelona, que hasta entonces había vivido muy tranquilo. El Calafell no había asomado en ataque.
La reacción
Curiosamente, se soltó las cadenas cuando ya se vio por debajo en el electrónico. Cuando el Barça le concedió opciones para correr, lo hizo, aunque Sergi Folguera, el más insistente en las ofensivas careció de tino ante Sergi Fernández, el incombustible meta del Barcelona. Dejó su portería a cero en los cuartos de final ante el Noia y en las semis prácticamente ni pestañeó en ese primer parcial. Para él, la edad da lo mismo, es solo un número. Parará hasta en edad de jubilación. La semifinal conquistó el intermedio con todo por definir, con una falta de continuidad en el juego preocupante. Mucho miedo, escaseó la ambición. El hockey pierde esencia.
El desenlace gozó de algo más de ritmo, sobre todo con una versión más reconocible del Calafell, que le dio un vuelco al resultado con la precisión de los especialistas. Ahí comparecieron Aleix Marimón y Sergi Folguera para penalizar el exceso de faltas azulgrana. Los de Ricardo Ares se sujetaron al partido con genialidades de Llorca y, sobre todo, la última de Alabart, cuando restaban algo más de dos minutos para la conclusión.
Ya en la prórroga y con los penaltis asomando, Martí Serra corroboró su papel principal en el partido, paró otro penalti que permitió al Calafell encomendarse a la épica de la fatídica tanda.
En ese ecosistema, con los biorritmos acelerados y el final incierto, emergió Aleix Marimón, infalible desde el punto de la precisión. Superó a Sergi Fernández y puso en bandeja una clasificación histórica. Nadie más acertó.