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Enero no entiende de excusas ni de promesas aplazadas. Para el Nàstic de Tarragona, el primer mes del año aparece como un termómetro definitivo, de esos que no engañan y que colocan a cada equipo donde realmente merece estar. Con la primera vuelta a punto de cerrarse, el calendario ha dibujado una cuesta de enero tan traicionera como reveladora.
El primer peldaño será este domingo ante el Teruel en el Nou Estadi, un partido que va mucho más allá de los tres puntos. El conjunto aragonés ocupa la séptima posición, instalado en la zona noble de la clasificación, y representa a la perfección ese perfil de rival directo que mide aspiraciones. Ganar al Teruel no solo permitiría cerrar la primera vuelta con una inyección anímica, sino que supondría superar a un posible competidor por el play-off, un mensaje claro para el campeonato y, sobre todo, para uno mismo.
Duelos exigentes por delante
Pero enero no se agota ahí. Tras el duelo ante el Teruel, el Nàstic se adentrará en un tramo peligroso, de esos que pueden elevarte o arrastrarte sin remedio. La siguiente estación será la visita a un Sanluqueño en horas bajas, instalado en puestos de descenso y con la urgencia como principal argumento. Son partidos tramposos, en los que el rival juega con el cuchillo entre los dientes y en los que cualquier concesión se paga caro.
El mes se cerrará de nuevo en casa, en el Nou Estadi, con la llegada del Ibiza. Un nombre propio que pesa, un proyecto diseñado para estar arriba, pero que a estas alturas de la temporada ocupa puestos de descenso. Un gigante herido, imprevisible y peligroso, capaz de cambiar su rumbo en cualquier momento. Para el Nàstic, ese encuentro puede ser una oportunidad de oro o una amenaza en toda regla.
Así se presenta la cuesta de enero: un rival directo por el play-off, un equipo hundido que pelea por sobrevivir y un transatlántico que no quiere resignarse a naufragar. Tres partidos, tres contextos distintos y una misma necesidad: sumar y convencer. Porque este Nàstic, todavía atrapado entre la ambición y la duda, necesita algo más que resultados aislados. Necesita definir su identidad.
Enero dictará sentencia. Dirá si el Nàstic está preparado para mirar hacia arriba con convicción o si, por el contrario, deberá girar la cabeza y empezar a preocuparse por lo que ocurre a su espalda. La clasificación aprieta, el margen se estrecha y el calendario no perdona. La cuesta ya está aquí.