Categoría
Editorial
Título
To invade, or not to invade, that is the question
Autores
Diari de Tarragona
Diari de Tarragona

Artículo

La famosa duda hamletiana llevada a la actualidad. Invadir o no invadir, esa es la cuestión. Así parece que queda resumida la nueva doctrina Trumpiana de cómo debe ser el mundo. Invadir un país, se puede invadir de muchas maneras. Se le puede ahogar a sanciones (Cuba, que no es relevante y donde seguramente van a dejar que las cosas sucedan por sí mismas), se le puede decapitar (Venezuela, que ahora busca a marchas forzadas componer la ecuación imposible de chavismo y trumpismo) o se le puede comprar (como seguramente pasará con Groenlandia). En el análisis que hoy publicamos en el Diari, de la mano de Antoni M Piqué, quedan claras las razones de la capatura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. El nracotráfico solo ha sido la excusa jurídica que permite construir un «caso» en los tribunales de Manhattan. La razón es, y siempre ha sido, apoderarse del petróleo venezolano. De las inmensas reservas de crudo que posee el país Latinomareicano. Reservas en petróleo, en minerales estratégicos y en tierras raras. Donald trum no nos engaña. Lo anunció desde su primer mandato. Ahora que ha conseguido un equipo de gente a su alrededor más organizado y eficaz, sus amenazas pasan a ser directamente directrices políticas a cumplir. Estos son los elementos claves de este nuevo Trump: eficacia (nadie duda de lo espectacular de la misisón llevada a cabo en Caracas), un mundo más frágil tras los años de guerra en Ucrania, tras la invasión de Gaza y tras la incontestable parálisis de la UE. Sin una Europa unida y capaz de dar respuesta a los nuevos retos políticos, nadie le parará los pies a Donald Trump. ¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué no somos capaces para activar una respuesta? ¿Qué estamos dispuestos a perder para defender nuestros valores? Seguramente lo que nos ha pasado es un exceso de confort. Las generaciones de los años 30 y 40 estaban dispuestas a todo. Pero la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano (como figuras metafóricas) nos han dejado en un estado letárgico. Ojalá esta editorial esté equivocada. Nada nos gustaría más que tener que rectificarla. Pero de momento, a parte de gesticular, nadie parece dispuesto a nada más.