Categoría
Editorial
Título
Grave error de Bruselas con la pesca de arrastre
Autores
Diari de Tarragona
Diari de Tarragona

Artículo

La obsesión de la Unión Europea por acabar con la pesca de arrastre roza ya el despropósito. Bajo el paraguas de una supuesta sostenibilidad mal entendida, Bruselas impulsa medidas que no solo son impracticables, sino profundamente injustas para la flota pesquera tradicional. Exigir que todas las capturas sean pesadas y notificadas dos horas antes de llegar a puerto demuestra un absoluto desconocimiento de la realidad del sector. Las básculas no están preparadas, las embarcaciones son relativamente pequeñas y, en muchos casos, se faena literalmente frente al puerto. Pretender que un barco que pesca a pocos minutos de la costa comunique sus capturas con dos horas de antelación es, sencillamente, una barbaridad. A este sinsentido se suma la incertidumbre permanente: todavía no se conocen con claridad ni los días de pesca permitidos ni las cuotas definitivas para muchas especies. Esta inseguridad asfixia a un sector que ya opera con márgenes ajustados y que depende de una planificación mínima para sobrevivir. Ser sostenibles no tiene nada que ver con el empecinamiento ideológico de Bruselas contra la pesca de arrastre. La sostenibilidad real se construye con ciencia, diálogo y adaptación progresiva, no con imposiciones burocráticas diseñadas desde despachos alejados del mar. Lo más sangrante es el doble rasero. Mientras se castiga a la flota local y artesanal, se protege a la gran flota atlántica, con barcos de más de 100 metros de eslora capaces de capturar cifras que provocan vértigo. Según publicó Diari el 10 de octubre de 2024, el buque-factoría Annelies-Ilena puede capturar hasta 400 toneladas de pescado al día y almacenar 7.000 toneladas a bordo, dedicándose a la pesca de bacaladilla en el Atlántico para su transformación en surimi. Conviene repetirlo: 400 toneladas diarias. Estas son las prácticas que Bruselas tolera y ampara. Las medidas europeas no protegen el mar; protegen a unos pocos gigantes industriales mientras condenan a muerte a nuestra flota y a un sector económico clave para muchas comunidades costeras. Si este es el modelo de sostenibilidad que se pretende imponer, no estamos ante una política medioambiental, sino ante una decisión política que sacrifica a los pequeños para beneficiar a los grandes.