Categoría
Cultura
Antetítulo
Teatro
Título
Josep Maria Pou: «El conflicto entre Israel y Palestina exige de cada ciudadano un posicionamiento»
Subtítulo
El actor se mete en la piel del autor inglés Roald Dahl en ‘Gegant’, obra que interpreta en Tarragona este fin de semana: literatura, antisemitismo y cancelación sobre el escenario
Autores
Glòria Aznar
Redactora de Cultura

Imagen Principal
Josep Maria Pou en
Josep Maria Pou en 'Gegant'.
Artículo

Verano de 1983. El excéntrico escritor inglés Roald Dahl revisa las pruebas de su último libro, que está a punto de entrar en imprenta. Sin embargo, un escándalo provocado por un artículo suyo antisemita lo complicará todo. A lo largo de una sola tarde en su casa, consigo mismo, Dahl se verá obligado a escoger entre disculparse públicamente o poner en riesgo su fama y su reputación, conseguida con libros como Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate o Las brujas. El polifacético Josep Maria Pou se mete en la piel de Dahl en Gegant, con dirección de Josep Maria Mestres, obra que llega este domingo, 11 de enero, al Teatre Tarragona (20 horas) con las entradas agotadas.

¿Cómo ha sido meterse en la piel de este personaje?

Es complicado, pero no más que otros que he hecho durante mi carrera. Este es, precisamente, uno de los alicientes que me lleva a una función y no a otra. Dahl tiene muchas caras, está lleno de aristas afiladas, muy extravagante, lo que requiere de un riesgo por parte del actor. No es nada cómodo, pero a lo largo de la función te lo vas haciendo tuyo, sobre todo, cuando ves el interés con que el público lo recibe. Aunque más allá del personaje, que para mí siempre es fundamental, procuro hacer un teatro que esté muy unido a los problemas que el espectador tiene en un momento determinado o a los temas que le preocupan. Es lo que más me interesa cuando decido hacer una función, como es el caso de Gegant.

Un tema totalmente actual.

Este es uno de los grandes aciertos. Justamente, la decisión que tomé como director del Teatre Romea fue porque se trataba de un tema de actualidad. Esta función se estrenó en Londres en 2025 y fue el gran éxito brutal de la temporada. Pensé que el público de casa también tenía que conocerla, por lo que insistimos hasta que conseguimos los derechos para estrenarla en el Teatre Romea, el pasado junio. La compañía de Londres ya la ha finalizado, lo que quiere decir que en este momento somos el único lugar en el que se puede ver. Por ejemplo, a un centro teatral tan importante como Nueva York aún no ha llegado. No la verán hasta marzo. En Tarragona se verá antes que en Nueva York.

Israel-Palestina siempre en la palestra.

La función puede ayudar mucho. Los espectadores, al verla, pueden aclarar también sus ideas y posicionarse sobre este conflicto que tantos disgustos nos da y que, por otra parte, continuamente está presente. Es un tema que exige de cada ciudadano un posicionamiento. A veces, la gente tiene dudas, no acaba de ver claro cuáles son las razones de uno y otro. Y con esta función se intentan dar claves para que el espectador pueda entenderlo mejor.

A partir de un episodio real.

Todo basándose en un hecho particular de la vida de Roald Dahl, del gran autor inglés, que tuvo lugar en 1983, en una situación muy similar a la de ahora, cuando Israel hizo una incursión sobre Líbano, sobre Beirut, matando a más de 20.000 civiles en una sola noche. Aquello indignó tanto a Roald Dahl, que vivía tranquilamente en su casa de Londres, publicando sus libros con mucho éxito, que se vio obligado a escribir un artículo en una revista condenando este comportamiento del gobierno israelí. Llegó al extremo de confesarse públicamente antisemita y pedir la desaparición de los judíos de todo el mundo y del Estado de Israel, lo que provocó una conmoción enorme. Esta anécdota concreta es la que coge el autor para explicarla bien al público y para decirle que, por desgracia, la historia se repite y a veces alguien se posiciona en una situación demasiado extrema que no gusta a los demás.

En ocasiones se empuja a los artistas e intelectuales a posicionarse, pero cuando lo hacen y no gusta se les ataca.

Desde hace años nosotros hemos vivido la política de la cancelación y si se tiene que separar al autor de su obra o no. Esto también se plantea en el escenario. Es decir, millones y millones de niños y adolescentes de todo el mundo leen la obra de Dahl. Está demostrado pedagógicamente que sus libros son una lección de vida que ayuda a entender a muchos jóvenes cómo es el mundo de los adultos y cómo será el mundo que los espera a medida que vayan creciendo. Entonces, ¿hasta qué punto es lógico sacarlos de circulación, retirarlos? En aquel momento fue lo que amenazaron con hacer las editoriales que publicaban sus obras, así como muchas librerías de Estados Unidos e Inglaterra. Los editores se reunieron con Dahl para pedirle que publicara otro escrito en el que se retractara.

Pero no lo hizo.

No. Siempre se negó y esto también lo recoge la función. Murió sin haberse retractado de aquellas palabras, en absoluto. Un escritor, pintor, escultor... El artista puede tener sus ideas muy personales o muy radicales y su obra no tiene por qué pagar las consecuencias porque es muy posible que sus ideas no se trasladen a su obra, que no se reflejen en ella. En otras ocasiones sí ocurre, pero ciertos autores saben distinguir perfectamente y la obra no presenta nada del veneno que llevan dentro.

Ha dicho que nunca dejará el teatro, que seguirá sobre el escenario o en una butaca. ¿Siente más nostalgia que hacia el cine o la televisión?

Sí. Más allá de actor soy un ciudadano y como tal soy un gran enamorado de la imagen. Pero el cine y la televisión los tienes en casa en cualquier momento. Por el contrario, el teatro sí que requiere de una voluntad de salir de casa para ir a otro lugar en el que encontrarse con otras personas, para compartir muchas emociones y reflexiones. A esto me refería. Sí que es verdad que ya tengo una edad, llevo 60 años encima del escenario y ya empiezo a pensar que ha llegado una etapa, si no de descanso total, al menos no de tanta intensidad como la que he llevado siempre. Quizás llegue un día en el que empiece a notar ciertas carencias y decida que no puedo continuar porque no le puedo ofrecer al público mi trabajo con un 100% de garantía. Entonces cambiaré de lugar y pasaré al patio de butacas porque del teatro nunca podré prescindir, forma parte de mi vida. Me convertiré en un espectador profesional.

Cambiará de lugar, como cuando quería ser periodista y al final nos ha tenido que aguantar desde el otro lado.

Sí. Mi primera vocación no fue nunca el teatro. Quería ser periodista, quería hacer lo que haces tú, conocer a gente, entrevistar, publicar reportajes. Pero de golpe llegó el teatro, hacía teatro de aficionados, en la universidad, aunque nunca me proyectaba como actor. La profesión surgió por casualidad, prácticamente. A raíz de unas actividades que hice para aprovechar el tiempo libre y fue la gente que me rodeaba la que me hizo notar que tenía unas ciertas condiciones. Yo también me di cuenta de que tenía algo dentro de mí que me unía mucho con lo que acababa de descubrir y así me aparté del periodismo. Supongo que el periodismo salió ganando y el mundo del teatro también. Con un punto de vanidad, diría que casi el 80% de las obras que he hecho a lo largo de 60 años han sido funciones que yo mismo he escogido, que he decidido porque consideraba que eran necesarias para el espectador. Y esto me produce una cierta satisfacción.

Estudió en la Laboral de Tarragona, ahora Complex Educatiu.

Tengo un lazo muy fuerte con Tarragona que nunca olvidaré. Cada vez que voy a trabajar, como este fin de semana, me encuentro con algunos espectadores de mi edad, que también fueron compañeros, con los que compartimos recuerdos. Diría que estuve cuatro años en la Laboral, una etapa de mi vida muy importante, de los 14 a los 18. Recuerdo, sobre todo, los paseos por la ciudad cuando tenía las tardes libres, rambla arriba y rambla abajo, Rambla Vella. Había un cine que estuve buscando, pero ya me comentaron que ha desaparecido donde me pasaba las tardes que tenía libres viendo películas. En la Laboral empecé a hacer cosas de teatro, sin pensar que me podría dedicar más tarde. Recuerdo recitar poemas en algún espectáculo en el teatro de Tarragona, también en el Fortuny de Reus y en los estudios de Ràdio Tarragona. Era un joven muy atrevido. Y allí tuve algunos compañeros que el público conoce muy bien porque es algo que se ha publicado muchas veces.

¿Serrat?

Sí, Joan Manuel Serrat también era alumno de la Laboral y recuerdo otros personajes, como por ejemplo uno que puede sorprender, que es José Luis Perales, que también estuvo durante una etapa determinada, antes de irse a otra, creo que a Sevilla. En aquel momento coincidimos un grupo de jóvenes con muchas ganas de hacer cosas y, por suerte, algunos aún las podemos hacer.

Cita

Quizás llegue un día en el que empiece a notar ciertas carencias y decida que no puedo continuar porque no le puedo ofrecer al público mi trabajo con un 100% de garantía. Entonces cambiaré de lugar y pasaré al patio de butacas