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Mortal de necesidad. El triunfo del Nàstic fue puro alivio. De esos en los que no merece la pena ni analizar desde la pizarra porque se explican desde el corazón. La necesidad de salvarse es tan grande que a uno le sobran las flechitas. No obstante, fue una victoria en la que Pablo Alfaro fue clave porque sus dos cambios añadieron la pólvora que faltaba. Álex Jiménez, con su cabezazo, y Juanda Fuentes, con su golazo por la escuadra, enterraron la resistencia del Juventud Torremolinos. Dos balas ganadoras desde el banquillo que sacan, al menos hoy, al Nàstic del descenso.
Pablo Alfaro había adelantado, contra todo pronóstico, que el once titular frente al Torremolinos iba a sufrir cambios tras el descalabro frente al Algeciras. Fue en una rueda de prensa previa en la que no quiso ir más allá, pero dejó un firme mensaje por el camino. El técnico maño no iba a pasar por alto la imagen ofrecida en el Nuevo Mirador y cumplió con su palabra, porque agitó la alineación de manera considerable, con hasta tres caras nuevas. Sergio Camus, Keyliane Abdallah y Marcos Baselga ingresaban en el once inicial en detrimento de Sergio Santos, Juanda Fuentes y Cedric Omoigui.
Buen inicio de 'Keke'
La salida del Nàstic fue esperanzadora. Apenas bastaron unos pocos minutos para comprobar que el nivel de activación de los granas era otra cosa. El plan estaba muy claro: no regalar ni un metro ni una disputa e intentar ser clarividente sin asumir excesivos riesgos con la pelota. ‘Keke’ Abdallah no tardó en asumir protagonismo desde su sector derecho. En su primera titularidad necesitó pocos contactos con el balón para evidenciar que es un futbolista que puede generar alboroto en partidos en los que el rival te espera sin ponerse nervioso.
El extremo francés fue un martillo pilón desde el costado derecho. Siempre pedía la pelota y, aunque a veces le faltaba la calma que demandaba la jugada, le daba al Nàstic otro aire en el ataque. Las dos primeras grandes ocasiones tarraconenses llevaron su firma. En la primera metió un centro tenso al corazón del área que no encontró rematador. En la segunda, su disparo no encontró portería porque la comba no tuvo tiempo de bajar.
Aquel inicio obligó al Torremolinos a bajar el ritmo del partido, tanto con la pelota en juego como en cada interrupción. Desde el principio miraron el reloj para tardar más de lo debido en cada saque de portería. Era una manera de decirle al Nàstic que ellos no tenían prisa porque el empate les sabía a gloria.
Con la trinchera montada, el Torremolinos casi halló premio de la nada. Fue en una jugada suelta en la que el Nàstic exhibió esa tan temida fragilidad y casi le cuesta caro. Lo evitó el de siempre. Dani Rebollo sacó un pie milagroso al disparo de Fran Gallego y la pelota quedó suelta en boca de gol, pero no hubo temor porque Zoilo despejó sin fantasmas.
No haber marcado durante la primera media hora fue una losa a la que el Nàstic se debía imponer. Debía asumir que su buen inicio no había tenido premio, pero que eso no debía ser un martirio, sino una píldora de confianza. El Juventud Torremolinos, por su parte, sonreía con disimulo porque sabía que lo acontecido le acercaba al objetivo. Intuía el nerviosismo en el conjunto grana y cada vez se sentía más poderoso. Cada minuto era un punto menos de sutura en la herida tarraconense.
Cuando un silencio incómodo comenzaba a aparecer en el Nou Estadi, casi llegan los fuegos artificiales. Fue en ese balón parado al que tan poco rédito le ha sacado el Nàstic a lo largo de la temporada. Un córner que botó Pau Martínez y remató Enric Pujol con un cabezazo que obligó a Fran a firmar la primera gran parada del Torremolinos. En el rechace, Marcos Baselga parecía que iba a marcar un gol con su sello, pero la defensa rival estuvo viva para el despeje. Esos son los pequeños detalles que decantan la balanza y que tan poco ha dominado el Nàstic a lo largo del curso. Nada es casualidad.
Cuando el árbitro ya se llevaba el silbato a la boca para señalar el final de la primera mitad, llegó un último susto para los de Pablo Alfaro. Dani Rebollo firmó otra parada vital para sostener al Nàstic de una daga que hubiese sido incurable. Su parada a Clemente fue tremenda. La pelota iba directa a la escuadra, pero el onubense se estiró para sacar una manopla de esas que cobran todavía más sentido si el resultado termina acompañando.
La segunda mitad no tardó en evidenciar que al Nàstic cada vez le faltaban más confianza y energía. El miedo a no ganar pesaba, y mucho, porque lo que se observa en el horizonte quema. El partido necesitaba energía y Alfaro se la dio desde el banquillo, o eso intentó. Cedric y Álex Jiménez ingresaban en el verde en busca de ese gol tan necesario para el presente y, sobre todo, para el futuro.
Cuando menos se intuía, la alegría llegó como el sol en pleno invierno. Corría el minuto 60 cuando Camus tiró un centro bombeado que fue directo al segundo palo. Allí apareció Álex Jiménez, que conectó un cabezazo con toda la malicia que le ha faltado en otras ocasiones. La pelota fue directa al segundo palo y robó todos los corazones del Nou Estadi cuando se coló por la línea de gol. Pegadita al palo. Puro alivio.
El gol enfrió el partido para bien del Nàstic. Al Torremolinos le tocaba proponer, pero no encontraba ni ritmo ni argumentos para ello. Los minutos caían lentamente porque las ganas de volver a sonreír pesaban demasiado. Ya se intuía que la agonía tenía preparado algún sobresalto y llegó en el 83’, con una volea desde la frontal de Gallego que puso el corazón en un puño a todo el Nou Estadi. Por suerte, la pelota no encontró portería pese a pasar cerca de ella. Aquello no se celebró como un gol, pero inyectó el mismo respiro.
La tranquilidad llegó demasiado tarde, pero llegó. Fue mediante una genialidad de Juanda Fuentes. Otro suplente que lo rompió todo. No estaba siendo su mejor tarde como revulsivo, pero en el minuto 92 decidió lanzar una falta escorada directa a la escuadra. Su disparo fue imparable. De película. La locura que se desató en el Nou Estadi reflejó la presión con la que se está viviendo este duro momento. Solo son tres puntos, pero el Nàstic toma aire porque ahora la esperanza ha regresado. Nada está hecho, pero solo valía ganar.