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Quién le iba a decir al Nàstic de Tarragona que, a falta de ocho jornadas, iba a vivir el enfrentamiento ante el Juventud Torremolinos como una final anticipada por la salvación. Nadie imaginaba que los granas, un proyecto hecho y proclamado para pelear por el ascenso directo, fueran a luchar por la permanencia. El fútbol es así: te pone por delante guerras que uno no espera, y solo mentalizarse e ir al frente te permite salir con vida de ellas.
El Nàstic recibe al Juventud Torremolinos en una situación crítica. Es una pesadilla de la que no despierta. De hecho, cada semana que pasa da más miedo. La derrota de la pasada jornada frente al Algeciras tiró por la borda la reacción tarraconense en el empate ante el líder Sabadell en el debut de Pablo Alfaro en el banquillo. El despertar fue efímero, porque en el Nuevo Mirador se vieron los viejos vicios de siempre: un equipo frágil, sin argumentos futbolísticos para hacer daño y que acabó derrotado y sin consuelo.
Lo peor no solo fueron las malas sensaciones y la derrota cosechada frente al Algeciras. A eso se le añadió que el conjunto tarraconense vio cómo el Murcia derrotaba al Tarazona y lo mandaba a los puestos de descenso. En estos momentos, esto sigue siendo una anécdota, pero la realidad dice que ocupar el infierno complica salir de él. La presión sube, y jugar con la obligación de no poder fallar más no resulta sencillo para nadie, menos para un equipo diseñado para otras cotas.
Alfaro no dio pistas sobre el once inicial, pero cuesta creer que vuelva a apostar por el mismo once por tercer partido seguido. Frente alSabadell las sensaciones fueron inmejorables, pero frente al Algeciras no pudieron ser peores. Todo eso provoca que la alineación frente al Torremolinos apunte a sufrir sobresaltos. El conjunto grana necesita reaccionar y eso quizás pasa por apostar por rostros diferentes desde el inicio.
Un rival en racha
El Nàstic es consciente de que le quedan nueve jornadas por delante y de que, para evitar el descenso, todavía depende de sí mismo. De esas nueve finales por la salvación, cuatro son en casa, y la primera pone enfrente a un Juventud Torremolinos absolutamente renacido. Los malagueños suman seis jornadas sin perder y han pasado de ocupar puestos de descenso a tener un margen de cinco puntos sobre ellos.
El conjunto de Pablo Alfaro quiere arroparse en su fortín y repetir la actuación cosechada frente al Sabadell en el estreno del técnico aragonés en el banquillo grana. Ese es el camino. Una victoria colocaría al Torremolinos a solo dos puntos y lo arrastraría de nuevo a la pelea por escapar del infierno. El objetivo está claro, pero traducirlo a la realidad no será nada sencillo.
El Nou Estadi vive hoy un partido dramático en el que todo lo que no sea ganar supondrá un duro golpe para el Nàstic. El infierno acecha y, para salir de él, no se puede escapar ni un solo punto más del feudo grana.