Categoría
Tarragona
Antetítulo
Medioambiente
Título
El agua de Tarragona, un debate que no debe esperar a la sequía
Subtítulo
Planificar en situaciones de abundancia es una condición ‘sine qua non’ para ser más eficientes. Además, el sector reclama invertir en fuentes complementarias para no depender de una y renovar la red de suministro actual, bastante maltrecha
Autores
Joel Medina
Redactor de Tarragona y Esports

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Artículo

Que el agua es indispensable no es nada nuevo y que tan solo acude al debate público cuando escasea, tampoco. Quizás ese sea uno de los motivos por los que la sequía aprieta con tanta fuerza. Quedó claro este viernes en el debate que ofreció el Diari de Tarragona en el marco del Día Mundial del Agua, celebrado el pasado 22 de marzo. Una charla en la que salieron a relucir fortalezas, como el papel del Consorci d’Aigües de Tarragona (CAT) como eje vertebrador de un territorio resiliente, pero también debilidades de una red de suministro muy deteriorada.

Pero, por encima de todo, un vector común: la concienciación social. Lo destacó el director de Desarrollo de Negocio de la empresa Veolia, Vicente Gómez, que insistió en la magnitud: "Ahora estamos muy concienciados, es una diferencia muy grande con la sequía que sufrimos en 2008". 

Lo suscribió la responsable de la Línea de Tecnologías del Agua de la Unidad de Agua, Aire y Suelos de Eurecat, Sandra Casas: "Somos una de las regiones de Europa con menor consumo por habitante". A ello se suma, según Gómez, el sector industrial: "Está muy concienciado y tiene claro que debe innovar".

Pero, ¿qué significa realmente la innovación? ¿Por qué no debe ser una palabra baladí? "Es la única forma de dar respuesta de manera eficiente a lo que pide la sociedad", manifestó Gómez, que argumentó que "innovar no significa nada si no tiene un fin, si no responde a necesidades específicas". 

En esa línea está Tarragona, pues la Empresa Municipal Mixta d’Aigües (Ematsa) está tejiendo estrategias para, según su director gerente, Dani Milan, adaptarse al contexto y a unas directivas europeas "muy creativas" –nótese la ironía–.

Además de conceptos como la digitalización y la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia, Milan sacó a debate cuestiones como la red de alcantarillado: "Es la gran olvidada", expresó, calificando las aguas residuales como un elemento clave para la regeneración, que permite diversificar fuentes y no depender exclusivamente de una o dos. En este sentido, expuso que hay una treintena de municipios de la demarcación –y unos 300 en Catalunya– que no disponen de tarifa de alcantarillado.

Y ese camino, el de buscar otras fuentes, es el reclamado por los expertos, que coinciden en la bendición que supone el Consorci d’Aigües de Tarragona, pero también apuntan a la necesidad de no poner todos los huevos en la misma cesta. El primero en subrayarlo fue su director gerente, Josep-Xavier Pujol

Con ese propósito, Ematsa ha impulsado recientemente una inversión de 1,7 millones de euros para disponer de una nueva Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) en Bonavista, una infraestructura que ya opera y que incorpora dos nuevos pozos al suministro para reducir la dependencia del CAT.

Pujol puso sobre el tapete esas "fuentes complementarias" que deben convertirse en recursos añadidos a los del Consorci, como por ejemplo la desalinizadora prevista entre Cunit y Cubelles. Hasta el primer municipio llega el CAT y hasta el segundo el sistema Ter-Llobregat, por lo que, con la infraestructura en ese punto, se podría suministrar en ambas direcciones: "Reduce el riesgo de un desabastecimiento", indicó el director gerente de un CAT en constante evolución.

Y es que, recientemente, el organismo ha presentado su nuevo Pla d’Emergència per Sequera para agilizar los análisis de los escenarios ante una hipotética falta de agua. En el último episodio, el CAT se erigió como un salvavidas para los municipios consorciados y como una opción para aquellos que no lo estaban, especialmente L’Espluga de Francolí y otros de la Conca de Barberà.

El fondo de la cuestión no son solo números: "Los municipios no solo nos piden ser más eficientes a nivel operativo, sino que se preocupan por dar respuestas a nivel social ante sucesos climáticos como las sequías o las lluvias torrenciales", puntualizó Gómez, que lanzó más ingredientes, como la relación del agua con la energía o la descarbonización.

No es una opción

Ese contexto está siendo aprovechado en los últimos años por la empresa Aguas Industriales de Tarragona S. A. (Aitasa), que ya en 2012 inauguró una planta que actualmente aporta seis hectómetros cúbicos a las empresas del polo petroquímico de Tarragona: "En junio ampliaremos la capacidad hasta los nueve hectómetros, lo que supone el 25% del consumo de agua de la industria tarraconense", recordó el consejero delegado de Aitasa, Marc Fargas.

Eurecat quiere acompañar en estos procesos: "Queremos generar conocimiento e ir de la mano de las empresas y de la sociedad para que puedan adaptarse a las situaciones climáticas; en definitiva, queremos mejorar el uso del agua que hacemos actualmente", explicó Sandra Casas.

Y es que planificar no es una opción, sino una obligación en momentos como el actual, sin sequía a la vista. "Los municipios que no estén trabajando en ello ya van tarde", afirmó Pujol, mientras que Milan puso el foco en los pequeños: "Son los que más sufrirán porque solicitar ayudas comporta mucha burocracia". Un papeleo que ya es enemigo común en casi todos los ámbitos de la vida.

Mala infraestructura

Pero la lección está aprendida, según la responsable de Negocio Catalunya Sud de Aqualia, Berta Mercadé: "La lección es la anticipación; no solo debemos hablar de la sequía cuando estamos en situación". Pero, para eso, es necesaria "financiación en lo básico", según expresó, es decir, en la infraestructura. Una red de suministro desgastada y antigua: "Tiene un envejecimiento muy grande", argumentó Mercadé.

Una situación que provoca grandes pérdidas, especialmente en municipios pequeños. Por eso conviene que los planes políticos no se limiten a un mandato y adopten una visión a largo plazo, porque, como reconoce Milan, "cuanta menos agua, menor es su calidad". 

En esta línea, la firma Arup sostiene en el informe Spanish Water Industry 2050: Where it stands and where it is headed que el país cuenta con un déficit estructural de inversión superior a los 5.000 millones de euros anuales en el ciclo del agua.

Y esa modernización necesaria, según los ponentes, tendrá efectos en el coste de la tarifa, que se verá incrementado en los próximos años, algo que los expertos califican como "una necesidad" y no como una búsqueda de enriquecimiento.