Categoría
Ítaca
Título
Nieve
Autores
Natàlia Rodríguez
Directora

Artículo

El historiador Heródoto relata que los escitas describían el aire al norte de ellos como «lleno de plumas», una forma poética de describir la nieve que caía. Los griegos creían que Nieve era un animal blanco, inteligente pero codicioso. Nieve podía volar y un día decidió unirse a los dioses en el cielo -Nieve era un animal muy inteligente-. Desafortunadamente para él, Zeus lo vio venir y le lanzó un rayo, convirtiéndolo en un polvo blanco que cayó a la Tierra y cubrió el suelo. Como castigo adicional, Zeus lo levantaba y lo dejaba caer de nuevo cada año en esa fecha, es decir en invierno. Año de nieves, año de bienes, dice el refrán popular. La nieve no es blanca. En realidad los copos de nieve son incoloros y transparentes pero reflejan la luz en sus dendritas y eso les da esa apariencia blanca. No recuerdo mis primeras nieves. Seguramente en Andorra donde mi familia solía ir a pisarla (y a comprar azúcar, leche en polvo Regalait, queso de bola, cognac y tabaco). Pero viví durante algunos años en la Val d’Aran y pude comprobar que la nieve es silencio, que el mundo se cubre de una bondad sinuosa, que la pureza del frío que la precede huele a agua. Sí, la nieve se huele antes de caer. Recuerdo el crepitar al pisar la nieve virgen. Hace dos días nevó en París y de repente la ciudad quedó muda y los ojos miraron al cielo. Caían plumas.