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Redactor de Cultura
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Miquel Ustrell atacó la profundidad a los cinco minutos, recibió al espacio un servicio directo, parecía estéril porque Cortés, el central del Barça, disfrutaba de una ventaja hasta cómoda. Ustrell siempre miente, aparenta una cosa que no es. Bajito, de aspecto frágil a primera vista, incluso de pose indolente. Falso, nada de eso. El pequeño atacante del Reus cuerpeó con ese tren inferior poderoso que posee y del resto se encargó su astucia. Conquistó la pelota ante la sorpresa de Cortés, superado casi sin explicación.
Miquel Ustrell además manejó el libreto para acabar la jugada. Levantó la cabeza y atisbó la llegada de Kenneth, que estrenaba titularidad en el Estadi. Se la puso para que la acompañara a gol y saboreara su primer momento de gloria. Ni el más despreocupado del lugar imaginó un arranque tan idílico.
Ustrell lució su mejor tarde con la zamarra rojinegra, cada una de sus intervenciones se arropó en el criterio, ofreció continuidad a cada ataque. La pelota salía siempre limpia de sus pies.
Ese acierto madrugón impulsó un primer episodio muy interesante del Reus, con un plan muy coral, esta vez con Ricardo Vaz como tercer centrocampista y Kenneth y Ustrell como pareja de delanteros. El Barça Atlètic no sintió jamás el confort, vio cómo su rival le secuestraba la pelota por fases y no le concedía nada. De hecho, el único disparo con peligro culé salió de las botas de Kluivert segundos antes del descanso, en el área chica. Andy Alarcón, crucial, lo interceptó.
El caudal rojinegro tampoco abundó, aparecieron llegadas de Benito, Ustrell y Kenneth, aunque sin ver portería. En todo caso, la sensación que daba el partido es que se jugaba a lo que Marc Carrasco tenía en la cabeza. Su Reus dominó los ritmos de la tarde y eso resultaba un notición fabuloso.
Ustrell se colgó la etiqueta de MVP ya con el desenlace activado. Primero con otro desmarque profundo que perforó toda la zaga azulgrana. Sandro le mandó la pelota a la carrera y se plantó ante el arquero Bernad, pero la definición ya acumulaba mucho cansancio. Fue córner. En el saque de esquina, nadie sabe cómo, la cabeza de Ustrell, en el corazón del área, culminó el 2-0. Ante rostros mucho más poderosos, el delantero del Reus demostró que la inteligencia suele ganar siempre.
La tarde se convirtió en rock and roll porque el Barça también puso de su parte. Una pelota a la espalda de Pol Fernández, la convirtió Kluivert con un tiro violento. Lo curioso del caso es que el juez de línea había levantado la bandera para bajarla luego, intentó disimular pero el Estadi le pilló. Se encendió el gentío porque el 2-1 subió al marcador. Había que remar.
El Reus se sostuvo en los instantes que sentía el colmillo rival, impulsado por ese gol de Kluivert. Lo hizo a lomos de su experiencia, del saber estar que siempre ha exhibido el equipo de Carrasco, con sus actores más expertos con el cuchillo entre los dientes. Uno de ellos, Ricardo Vaz, se encargó de cerrar la tarde con una pena máxima que él mismo provocó. Disparó y el visitante Mbacke fue al suelo. La pelota chocó en su cuerpo y el colegiado interpretó mano. Vaz desnudó a Bernad desde el punto fatídico y desató la euforia sin medida.
El Reus voló en el ocaso, inyectado de seguridad con la doble ventaja y favorecido por la expulsión del azulgrana Roger, que había ingreso como rotación y ni siquiera le dio tiempo a mancharse el pantalón. El Estadi gritó el éxito sin parar. Un éxito poético, de los que arraigan. Pol Fernández Serra, con el cuarto, corroboró el éxtasis.